Break a spell, now return to the sky, as time goes by meet again by destiny
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Our universe grants every soul a twin–a reflection of themselves– the kindred spirit –And no matter where they are or how far away they are from each other – even if they are in different dimensions, they will always find one another. This is destiny ; this is love.
— Julie Dillon
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I never realized I missed you until I found you
like you should have been there the whole time.
Soulmate
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zheng
Asumió su confusión por momento, tal vez por el exceso de personas en la habitación, se creó mil excusas para no enfrentar la posibilidad. Sin embargo, los vocablos ajenos confirmaron su terror. El horror estaba en su voz, en todas su expresiones que era signos de lo que sucedía. Se le corto la respiración: la tragedia tan palpable como algodón en rama.
Su semblante rápidamente cambió a uno de tristeza, bajo su mirada, como temiendo a que siguiera. Buscó una explicación en su mente, los remanentes de sus estudios le indicaban que era imposible algún error de memoria. Los fantasmas no olvidan, esa es su condena, pensó desesperado. Pero claro, su amante no es un humano, no tendría porque seguir alguna regla.
Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que apenas oye de nuevo su voz, recordándole que seguía siendo él y jamás cambiaría aquello. Lo enterneció de tal manera que no logró evitar sollozar un poco, cubriendo su boca para evitar cualquier otra demostración de su estado. Un mano amiga toco su hombro, indicándole que debía continuar. Inhalo aire para enfrentar la situación. Keishi estaba frente a él, seguían siendo el mismo al cual había amado.
—Lamentó aquello, fue un momento de debilidad. — confirmó, ignorando sus sentimientos anteriores para volver a su anhelo. — Te ofrezco una nueva vida, volver a terrenal para disfrutar una vez más con una nueva visión y habilidades. — ofreció mientras se acercaba a él a pasos lentos, interrumpiendo con el portal pero sin causar ningún daño.
Aún lo amaba como el primer día, tan fuerte como el último. No importaba si no lo recordaba, lo volverá a ser de nuevo. Incluso si nunca lo hace, Zheng lo seguirá adorando de la misma manera y procurará de su alma sin desear nada a cambio. Una oportunidad de estar a su lado nuevamente lo valía todo, de la forma que lo fuese. Keishi se merecía (merece) que lo intenté, que cuide ahora de él de la manera que siempre debió hacerlo. Su corazón podrás sangrar con conocimiento de su olvido, pero más lo hizo al creer que lo había perdido.
— Podrás obtener cualquier cosa que desees, yo te lo daré. Sólo debes aceptar. — extendió su mano, disponible para que el adverso la tomará. — Llevarás el anillo que nos une y jamás volverás a temer por la muerte. Lo único que pido es un simple “sí”. — mostró el anillo en cuestión, que se trababa de tres que estaban unidos entre sí.
Existe la posibilidad de la negación, comprendería si deseaba tener sus descanso eterno, después de todo ¿No es algo que todos esperan? No obstante, seguiría buscando su afirmación. Tenía el nudo en la garganta, la incertidumbre revolviendo sus pensamientos, pero seguiría firme hasta lograr una respuesta.
ೃ ༉° ` 𝗿𝗲𝗯𝗼𝗿𝗻)
keıshı
Todo se había vuelto oscuridad, su capacidad de visión era nula a pesar de tener la sensación de que sus párpados estaban abiertos, y a cada paso que creía dar ante un desconocido rumbo parecían que le llevarían a hundirse más y más en el fango.
¿Dónde estaba exactamente?
Sin rumbo fijo caminaba entre el miedo, el aire helado chocando con su cuerpo, sonidos aquí y allá que le llevaban al terror puro, sea cual sea la broma por la que estaba pasando lo mejor era que se detuviera tan pronto fuera posible.
“Zheng…”
Quería gritar ese nombre, que se escuchará al final del mundo aunque su garganta sangrara, pero no importaba que tanto lo deseará, su voz jamás aparecía, aunque sus pensamientos fueran una tormenta de desesperación y angustia.
De un instante a otro se sintió caer en un bosque, la densa neblina limitaba su campo, pero con la persistencia de creer que alguien le perseguía era real.
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𝗄𝖾𝗂𝗌𝗁𝗂
La corriente de aire seguía chocando estrépitosamente por los alrededores, los árboles se sacudían con intenciones claras de terminar en el suelo arrancados de raíz, la sensación de sentirse desprotegido y propicio a cualquier incidente era latente. ¿La causa correspondía a la soledad misma o la falta de ubicación espacial? No, lo más cercano es que sabía justo el lugar en el que se encontraba.
El pútrido aroma a algún fluido corporal hirviendo y que tan bien detectaba era la pista principal para comprender que no estaba precisamente en un campo de flores, confirmando la vaga idea ante un río de sangre que se desbordaba con violencia a sus espaldas, sin la capacidad de responder a tiempo.
La oscuridad reinó una vez más, únicamente para dispersarse por un lugar ajeno a su comprensión, la sorpresiva imagen de un reducido público expectante ante la propia presencia le parecía abrumador, cualquiera que pudiera apreciar al ahora fantasma se percataría de que aquel par de ojos eran el reflejo de la desesperanza y el vacío materializado.
¿Quién era aquel Keishi? Por simple deducción entendía que le hablaban a el pero ¿Por qué tan abruptamente se le había pedido acceder a algo?
— ¿Bienvenido a la vida? Yo... ¿Por qué quieres unir nuestras almas? ¿Hice algo malo acaso? —
Cuestionó agachando su rostro, revisando sus propias manos si una forma sólida, la transparencia presente a través de su "piel" fue el primer e inesperado descubrimiento, pero tan pronto dejó de hablar imágenes aleatorias llegaban a su mente, golpes de fragmentos cortos sobre momentos tan específicos que le aturdian, muchos de ellos con la imagen de aquella persona frente a él, su intuición o lo que quedaba en aquel estado le hizo tomar aire, pero no había pulmones que llenar. Vaya intento ridículo.
Algo no estaba bien, pero ¿Exactamente qué era?
— Si yo acepto su propuesta... ¿Esa mirada triste que tiene va a desaparecer? —
Preguntó, la inexplicable familiaridad de ese rostro logró tocar alguna parte de su profundo ser, demasiados sentimientos de vivo para alguien que no tiene idea que desde hace mucho ha dejado de pertenecer a ese distinguido grupo.
ೃ ༉° ` 𝗿𝗲𝗯𝗼𝗿𝗻)
keıshı
Todo se había vuelto oscuridad, su capacidad de visión era nula a pesar de tener la sensación de que sus párpados estaban abiertos, y a cada paso que creía dar ante un desconocido rumbo parecían que le llevarían a hundirse más y más en el fango.
¿Dónde estaba exactamente?
Sin rumbo fijo caminaba entre el miedo, el aire helado chocando con su cuerpo, sonidos aquí y allá que le llevaban al terror puro, sea cual sea la broma por la que estaba pasando lo mejor era que se detuviera tan pronto fuera posible.
“Zheng…”
Quería gritar ese nombre, que se escuchará al final del mundo aunque su garganta sangrara, pero no importaba que tanto lo deseará, su voz jamás aparecía, aunque sus pensamientos fueran una tormenta de desesperación y angustia.
De un instante a otro se sintió caer en un bosque, la densa neblina limitaba su campo, pero con la persistencia de creer que alguien le perseguía era real.
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zheng
Cuando la fatalidad comienza, se vive, pero no se le da nombre. Se trata de sensaciones que enervan el cuerpo y el espíritu, pensamientos de decadencia experimentándose únicamente con la soledad. Jamás espero estar en luto, se suponía que todo estaba bajo control. El jamás se equivoca, no porqué no pueda, si no porqué no se le permite; perdía más de lo que obtenía.
La culpa envenenó su mente, no antes de la venganza, y al deshacerse de ellos ¿Qué le queda? No lo iban a traer de vuelta, él tampoco sabía cómo hacerlo. También la desesperación era una emoción recurrente que lo llevó a rasgar su piel con sus propias uñas mientras pensaba sin solución.
Consultó con sus cercanos, quienes tenían su misma estirpe que él y todos daban respuestas nulas. Buscó en otros lados, donde la moral era más dudosa e increíble tenían soluciones. Claro que lo intentó, de una y otra forma pero jamás funcionaba, a veces solo traían pedazos de carne aún viva.
Fue cuando comprendió lo que era obvio desde la primera vez, lo que le pesaba más que nada; no podía revivir a nadie. No es un Dios ni ninguna divinidad que le parezca para decidir quién vive. Pero, sí es un nigromante y es lo más parecido que conoce. Tenía que actuar con lo que tenia y dejar postergar lo inevitable. Puedo obtener, pensó. Pero de la forma que deseaba, simplemente seguía sin reparar su error.
Juntó a un grupo de brujos como él, todos conocedores del tema, se encargaron de hacer el ritual, siendo Zheng el vocero. Leyó en voz alta desde su grimorio, emitiendo palabras en algún idioma ilegible mientras el pentagrama brillaba con fuerza y las demás personas presentes susurran algún tipo de mantra. El viento azoto el ambiente, y el joven se obligó a mantenerse en su lugar y alzar su voz. Observaron como del piso una figura resplandeciente emergía con parsimonia, demasiado luminoso para identificarlo correctamente. Por dentro, rezo para que se tratará de su amante y no volver a equivocarse. Demasiada era su desilusión para soportar una más.
Pronto todas velas usadas se apagaron, dejándolos en una oscuridad pesada hasta que las que rodeaban el círculo prendieron en una flama azul espectral para revelar a su invitado.
— Keishi.— susurro, esperanzado y dispuesto a ir sobre él, pero alguien lo detuvo para indicarle que no podía acercarse hasta terminar. El alivió lo embargo junto con el deseo de recupéralo, de por fin tenerlo a su lado pero el trabajo seguía sin terminar, podría ir hasta él pero seguía sin ser sólido. Se sosegó, aún con todas las emociones gritando por salir.
— Bienvenido a la vida nuevamente, Keishi. Tengo una propuesta para regresarte a lo terrenal. Acepta unir tu alma a la mía, vuelve a confiar en mi una última vez y te daré aquello que nos arrebataron. — habló ceremonioso, pero tenía terror a que no aceptara. Apretó el anillo que su puño, esperando la respuesta mientras lo miraba, casi rogándole con los ojos que hablara. En cualquier caso, estaba dispuesto a suplicar.
ೃ ༉° ` 𝗿𝗲𝗯𝗼𝗿𝗻)
keıshı
Todo se había vuelto oscuridad, su capacidad de visión era nula a pesar de tener la sensación de que sus párpados estaban abiertos, y a cada paso que creía dar ante un desconocido rumbo parecían que le llevarían a hundirse más y más en el fango.
¿Dónde estaba exactamente?
Sin rumbo fijo caminaba entre el miedo, el aire helado chocando con su cuerpo, sonidos aquí y allá que le llevaban al terror puro, sea cual sea la broma por la que estaba pasando lo mejor era que se detuviera tan pronto fuera posible.
“Zheng…”
Quería gritar ese nombre, que se escuchará al final del mundo aunque su garganta sangrara, pero no importaba que tanto lo deseará, su voz jamás aparecía, aunque sus pensamientos fueran una tormenta de desesperación y angustia.
De un instante a otro se sintió caer en un bosque, la densa neblina limitaba su campo, pero con la persistencia de creer que alguien le perseguía era real.
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ೃ ༉° ` 𝗿𝗲𝗯𝗼𝗿𝗻)
keıshı
Todo se había vuelto oscuridad, su capacidad de visión era nula a pesar de tener la sensación de que sus párpados estaban abiertos, y a cada paso que creía dar ante un desconocido rumbo parecían que le llevarían a hundirse más y más en el fango.
¿Dónde estaba exactamente?
Sin rumbo fijo caminaba entre el miedo, el aire helado chocando con su cuerpo, sonidos aquí y allá que le llevaban al terror puro, sea cual sea la broma por la que estaba pasando lo mejor era que se detuviera tan pronto fuera posible.
"Zheng..."
Quería gritar ese nombre, que se escuchará al final del mundo aunque su garganta sangrara, pero no importaba que tanto lo deseará, su voz jamás aparecía, aunque sus pensamientos fueran una tormenta de desesperación y angustia.
De un instante a otro se sintió caer en un bosque, la densa neblina limitaba su campo, pero con la persistencia de creer que alguien le perseguía era real.
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⿻🧧婚礼
El instituto Epiphany había realizado una fiesta de cumpleaños para el peculiar fantasma, 29 de Agosto fue el día determinado entre la ambientación propia de un festival japonés. No era la excepción que dentro de aquello todos estuvieran usando ropa tradicional, y aquella pareja no era la excepción, aunque muy a su manera por un juego de hanfu con el color rojo siendo el que predominara.
— Deberíamos buscar un santuario para que hagamos las reverencias.
— El jardín es enorme, estoy seguro que podremos encontrar algo lo suficientemente parecido.
— El jardín tiene lugares precioso, recuerdo que en tu casa había un altar en el jardín así que no nos costará nada hacerlo. ¿Vamos a buscarlo entonces? — Extiende su mano con el propósito de que el menor pueda sostenerla y así puedan caminar en búsqueda de aquel lugar, su lugar.
— Cierto, pero el jardín de aquí es diferente, aunque más grande. Vamos, estoy seguro que un altar será suficiente. — entrelaza su mano con la adversa, apretujando un poco para seguirle en el camino. Deseaba con todas sus fuerzas encontrarlo, no estaba preparado con sus rezos, tampoco sus votos, pero ya se habían dedicado tanto amor que parecía lo más correcto. No tendría ninguna validez social, pero si espiritual para ambas parte.
— Cualquier lugar será indicado, no te sientas presionado por ello.— Entrelazó el agarre de su mano junto a la ajena, la punta de sus dedos se dedicaban a acariciar, con parsimonia y dulzura. Aunque para es momento ya debió de notarse lo frío que su tacto se había vuelto a causa de sus nervios. Pero bastaba de observar aquel rostro que tanto quería para confirmar una y mil veces que eso era lo que su corazón deseaba. Que no necesitaba nada ni nadie más ante esa ceremonia tan personal. ¿Tenía preparados sus votos o algunas palabras? No, en definitiva no pero dejaría que sus labios y corazón hablaran cuando el momento indicado llegará. A la lejania visualizo algo similar a un altar, era pequeño, más allá de las estatuas de ángeles que decoraban el jardín, y del cual señaló a su acompañante. — ¿Ahí parece lindo, Otto? —
Podía sentir la frialdad sobre la piel, pero compartía la sensación. Su relación estaba entablada en años, la desmedida pasión del romance era nueva, pero el deseo siempre estuvo en él. Qué podría querer más que volverlo tangible y emitirlo, compartirlo únicamente con el mayor. El destino nuevamente les regalo una sorpresa, le extraño que la última vez que lo visitaron no lo visualizo, pero quién era él para cuestionar la suerte. — Es perfecto, vamos, lâo gōng. — lo dirigió hasta llegar al altar. Lo analizo durante segundos, asegurándose de que en verdad fuera un lugar indicado; así lo fue. Inhaló aire, intentando sosegarse. Podrían llamarlo ímpetu juvenil, pero la ansiedad lo consumía de a poco junto con el anhelo. Se alejó de él, sólo centímetros para estar en frente. — Sé que esto es simbólico, pero lo quiero tanto, admitió, con la reputación sostenida e hizo una reverencia ante el mayor y se arrodilló enseguida. No era especialista en esto, pero tiene recuerdos borrosos. — Acompáñame, Keishi. — ofreció junto con sus manos, esperando que tomara la misma posición que él
Era un alivio y fortuna darse cuenta que la fría sensación en su piel también era algo que compartían. Los nervios del amor juvenil que se presentaba le hacían suspirar, su vida humana se vio representado con varios momentos invadidos de una abrumadora pero esperanzadora, sensación de nervios, pero ni uno solo se comparaba a el de aquel instante y lo que Zheng causaba ahora. Con sus pasos siendo guiados hasta aquel altar se permitió tomar aire profundamente, mirada dirigida a sus propios trajes, y después a ese altar que nada de malo tendría pues era uno personal que había preparado para sus ancestros y los del más joven de los Qian siguiendo las normativas chinas. Y que ahora sería testigo de su unión espiritual. Cuando el castaño se acercó a indicarle que todo estaba en orden, sonrió imitando sus acciones al hacer una reverencia, y arrodillarse frente a aquel sagrado espacio. — Es simbólico, pero marcará una pauta en mi existencia. No podría ser más feliz de que sea así y que sea contigo.— Dedicó una mirada a su futuro compañero de vida, con su rostro prácticamente inmerso en el calor de sus mejillas sonrojadas. ¿Cuántas veces le había visto así? Y sin embargo cada una tenía un contexto diferente. — Se... harán tres reverencias. La primera ante el cielo y la tierra, la segunda reverencia ante los padres o ancestros y la tercera reverencia entre nosotros... eso, había leído eso sobre una ceremonia china.— Su voz repleta del nerviosismo del momento, con un mar de emociones chocando en su interior pero todas, absolutamente todas positivas. — Entonces... ¿A la cuenta de tres?
Escuchó las indicaciones, pero estaba prestando más atención al tono en el que fueron emitidas. No quería pensar demasiado, pero era inevitable. El reconocimiento de sus sentimientos lo tenía cálido y su corazón se hinchó de amor. También quería agradecer por compartir con él parte de sus tradiciones y aceptarlas con tanta naturalidad. No tenía una forma de demostrarle toda su adoración, y sólo puede rezar a que esto lo haga. — Estoy listo, a la cuenta de tres. — Sonrió hacia el mayor, intentando de transmitirle un poco de la calma que carecía, pero lograba tener en su semblante. Se levantó nuevamente junto con el mayor, respiro hondamente antes de empezar. Al no tener quien los dirigiera, comenzó rindiéndole respeto a su compañero, haciendo una reverencia profunda hacia él. Si pudiera detenerse a pensar y hablar, podría dedicarle toda su admiración y sujeción que le tiene. Considera que los votos occidentales son más presentes, pero los que presencial ahora tenían un nivel espiritual más profunda. Lentamente regreso a su posición erguida, sin separar sus manos.
El momento en que Zheng le sonreía parecía que cualquier circunstancia o nervios irracionales desaparecían, para verse invadido ante el calor y dulzura de su expresión. ¿Cómo era posible que entre tantas circunstancias y destinos ese par de hermosos ojos le observaban repletos de devoción? ¿Cuál afortunado era él por coincidir en aquel destino caprichoso que seguramente les volvía a unir? Afortunado era poco comparado con el sentimiento en su interior. Observando la profunda reverencia que recibía y dándole su tiempo para actuar le siguió, de igual manera, no lo decían sus labios pero aquel momento agradeció a todas las circunstancias que les hicieron encontrarse, a tanta deidad fuera necesaria e incluso al mismo universo por tener a tal hombre frente a él en aquel paso que cambiarían sus vidas. Así que guiando al más alto le indicó en que debían estar de rodillas delante al altar una vez más, sujetando su mano por breves momentos para dar frente a aquel simbólico lugar. — Primero, agradeceremos al cielo y a la tierra por permitir el encuentro de nuestras almas y vida, ellos hicieron posible que nuestro camino se cruzara y a partir de este momento se volviera uno solo.— Comentó con un tono más suave de voz, a falta de alguien más que pudiera dirigir aquella ceremonia el mismo fantasma intervendría para las acciones del momento. Así que esperando una señal afirmativa adversa apoyó firmemente sus piernas en el suelo, inclinó su cuerpo con las palmas como soporte y su frente casi pegada al mismo.
En medio de su ambigüedad de sensaciones, el afecto predominaba. Lo tenía más que conquistado, dispuesto a lo que fuera. No era la cúspide de su romance, estaba muy lejos de serlo, el destino se encargaría de presentarles más sorpresas. Mientras tanto, ésta era muy grata. Asintió en reconocimiento a sus palabras, también agradeciendo a quienes les permitían estar presentes e hilaron sus almas para encontrarse nuevamente. La singularidad de su encuentro lo seguía sorprendiéndolo, cada momento lo llevó a estar aquí junto con el mayor, por tanto respeta a las fuerzas que se encargaron de crearlo. Imitó las acciones adversas, quedándose ahí durante algunos instantes. Enseguida le tocaría anunciar la segunda reverencia, nervioso regreso a la posición en la que estaban nuevamente. Respiro hondo, buscando las palabras — Agradecemos a nuestros ancestros, ellos que son testigos del amor que profesamos, nos bendigan con su aprobación y recen por la felicidad. En cambio, prometemos hónralos con nuestra unión y venerarlos en conjunto. Habló tono bajo, con toda la autoridad que le merecían. Espera no ofenderlo con la apresurada unión. Repitió nuevamente la reverencia, siguiendo los pasos anteriormente usados, con su frente casi tocando el suelo.
En su interior sabía que los ancestros eran seres sabios, que sabía que a pesar de lo inesperada que podría resultar la unión entre ambos ellos estarían contentos por el camino y vidas que tuvieron que pasar antes de llegar a aquel punto, pues al estar más cercanos al mundo sobrenatural seguro sabrían de todas esas vidas que pasaron antes de toparse a la de ahora. Eran sabios, sin duda alguna. Así que retomando la reverencia prolongada lo hizo después de aquellas palabras, un nudo suave en su garganta se presentó y podría jurar que su ojo se encontraba húmedo, Keishi era sentimental por naturaleza y el escuchar aquellas palabras de viva voz llenaba su pecho de felicidad ilimitada. Oh los ancestros de ambos estarían juntos ahora también. Su espalda se colocó firme una vez más, ambas manos que reposaban por sus muslos pasaron a dar pequeños golpecitos sobre estos, tras un pequeño suspiro levantó su mirada al altar, un segundo antes de observar a Zheng a su costado, sonriendo al borde de las lágrimas por la emoción a flor de piel, pero era necesario. — Una reverencia más, por nosotros que nada nos falte tras tener al: cielo, la tierra, la luna, múltiples estrellas, nuestros ancestros y sobretodo al otro como testigo de esta unión. Yo Keishi Ryūji prometo estar contigo por toda mi eternidad concedida como fantasma, en esta vida y en la otra como Altair y Vega, siendo igual de eternos pero estando juntos día a día. Prometo entregarte todo de mí momento a momento, pues ya te convertiste en una adoración digna de celebrar sin importar la hora o lugar. Estar contigo más allá de lo bueno y lo malo, desear orientarte cuidarte, buscar el bienestar entre ambos, y enfrentar la vida juntos. Prometo... quererte, quererte, adorarte y amarte cada día.— Hizo una pequeña pausa para tomar aire, las lágrimas que desbordaban por su mejilla eran constantes al punto de que nublaban su visión pero se mantenía con ese esfuerzo por seguir, con esa sonrisa que siempre le caracterizaba a pesar de limpiar rápidamente su rostro con la manga de su tradicional vestimenta. — Y más cosas que ahora no puedo recordar bien pues los nervios me hacen mal... pero, estoy muy seguro de la decisión que hoy tomé, quiero que sepas que eres lo más precioso que existe, lo mucho que te adoro y sobretodo que me alegra el reencontrarme en esta vida contigo.—
Ansiaba oírlo recitar sus votos. No sería la primera vez que se declaran amor, pero sí la más formal y aquello lo tenía nervioso por la intimidad. Lo observó con preocupación, oscilando en acercarse para consolarlo, pero se limitó a escucharle únicamente. Keishi es (será) el alma más romántica que conoce, él único que logra hacerle suspirar por su amor, el como lo interpreta y todas sus demostraciones. La aflicción por no poder besarlo se peleaba internamente con su ambición de permanecer inmóvil para seguir apreciándolo. Adoraba su espíritu amante, la gentileza con la que siempre habla y la dedicación que le brinda siempre. Evitó llorar, pero un sollozó salió junto con un par más, ríe bajo; por su felicidad, por la debilidad y todo lo que le evoca. Dejó de limitarse y rompió el ritual para tomarlo del rostro con delicadeza, limpiando las lágrimas errantes con sus pulgares, sonriéndole con sinceridad. Quería agradecerle tan mal, fue la declaración más hermosa que alguna vez oyó y jamás hubiera creído que sería para él — Una reverencia más por nosotros y nuestro amor; por la enorme devoción que te tengo y toda la sujeción que mi eternidad me permita tenerte. Yo, Qian Zheng, prometo velar por tu alma, cuidar de ti y tu felicidad, volverte mi prioridad ante todas las cosas. Prometo regalarte todas mis alegrías, mi tiempo y mi espacio. Compartir contigo cada dicha, aunque la mayoría provienen de ti. — En el éxtasis de su confesión, comenzó a sentir su rostro húmedo, producto de sus mismas lagrimas pero las ignoro para continuar, después se encargaría de eso. — Por lo tanto, quiero festejar nuestra unión en está ceremonia. Deseo ser tuyo y t�� seas mió. Quiero comenzar a llamarte mi compañero de mi vida, mi pareja eterna si lo permites. — terminó con un nudo en la garganta, inseguro de haber expresado tanta sinceridad, pero lo merece.
No era ningún inconveniente el realizar una pausa en aquella ceremonia si podía dedicarse a apreciar el rostro adverso junto a la calidez de sus palabras, ese tacto que ya no era frío como minutos atrás, ahora era dulce y cálido, como siempre resultaba todo lo que Zheng hacía y como se mostró ante sus palabras, cada una de ellas estaba repleta de cariño y sinceridad, podía sentir en ellas todo ese cúmulo de emociones positivas a raíz de aquel momento. Era tan precioso saber que sus sentimientos eran mutuos, que no existía fin en el cariño ni mucho menos fin a la promesa. Apenas observó una lágrima recorrer el pómulo del castaño elevó su diestra para limpiarla entre una sonrisa. Aún cuando el tampoco podía dejar atrás sus emociones, tomando aire y riendo nervioso ante la escena. Una preciosa pues ambos mostraban la desnudez de sus acciones. Finalizando aquellas palabras se vio en la necesidad de observarle, de buscar a tientas su diestra para sostenerla, entrelazando sus dedos como ya familiar costumbre. — Te lo permito, así como también yo lo haré. Seré tuyo y tú serás mío. A partir de ahora somos compañeros de vida y pareja eterna.— Estaba a nada de ir a dejarle un beso en sus labios pero recordó que faltaba algo más antes de; así que apartando gentilmente aquella mano le hizo una pequeña señal. Apoyó sus palmas en el suelo y esperó la sincronía de su acompañante para que al mismo tiempo se efectuará la reverencia. A partir de ese instante, siguiendo las tradiciones chinas y ante todo lo que existía a su alrededor, se habían convertido en esposos. Sintiendo que su pecho podría estallar en cualquier momento ante la alegría del instante.
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Headcanon: Kei se embriaga y le regala gallinas a Zheng.
* La cultura popular china indica eso como una señal de que si un hombre puede regalarle gallinas a alguien que le interese tendrá también el valor monetario para poder casarse.
lan zhan’s version of drunk confessions for @sarawatlovestine
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⿻🌸思い出 PT. I
“La independencia recién otorgada en su primer año de universidad le permitió desarrollarse de manera óptima ante sus compañeros, poco a poco iba alejando aquella timidez que le caracterizó gran parte de su vida por el hecho de vivir apartado de la enorme ciudad. No es que fuera introvertido, muy por el contrario, era un extrovertido que jamás pudo dejar su hogar. Y ahora en un ambiente totalmente nuevo poco a poco se conocía. Suena irónico que a los 18 años aún no se tenga idea de quién eres, pero es un proceso, o al menos eso creía el japonés.
A la par de ser un adulto joven independiente también hay más responsabilidades de por medio, el salir de la universidad requería correr a la tienda de conveniencia cercana para trabajar medio tiempo. La paga era modesta pero si lograba ser organizado tendría para comer medianamente bien y pagar la renta. No era precisamente vida, pero confiaba en que el futuro le traería cosas mejores, gran virtud de tener un pensamiento positivo en el peor de los escenarios.
Y aquella noche no fue la excepción, apenas salió del trabajo emprendió camino por la conocida ruta a su hogar, deteniéndose cual costumbre en una pequeña librería que le gustaba frecuentar por la calidez de los dueños, una pareja de adultos mayores que le recordaban genuina y dulcemente a sus abuelos.
Saludó alegre, gesto que le representaba y solía ser recompensado mientras caminaba entre los pasillos; perdido específicamente en aquellos ejemplares que estaban lejos de su alcance en la parte más alta de los estantes pues consideraba casi de forma ingenua que esos siempre eran los más interesantes y por ello los “ocultaban” de aquellos que la estatura no era una virtud. ¡Justa razón! Había encontrado uno de botánica con preciosas ilustraciones a mitad de precio. Poco importaba el sacrificio de no comer bien la siguiente semana o sobrevivir con ramen instantáneo, recién le habían pagado así que lo interpretaba como el susurro del destino para comprarlo, por lo que se colocó sobre la punta de sus pies, brazo izquierdo firmemente sosteniendo un costado del estante mientras que su diestra estirandose tanto fuera posible para alcanzarlo, torpe fue su intento pues aunque incluso llegó a saltar no podía aproximarse ni un poco; una y otra vez repitió sus acciones hasta que una risilla a sus espaldas le avisaban que no estaba solo, y tan pronto se percató de lo gracioso que pudo verse ambas orejas no tardaron en delatar la vergüenza pura. Sus párpados se cerraban con fuerza, como si así pudiera ocultarse y desaparecer del espacio-tiempo. Pero apenas la visión fue recuperada una figura que probablemente era superior por casi 15 centímetros le bajó el libro que creía que le correspondía, seguramente el espectador que había encontrado diversión en su búsqueda.
Y fue una enorme sorpresa percatarse que había acertado con su libro.
Lo tomó sin dudar, seguido de una reverencia propia de un cortés japonés, pero sin dignarse a levantar la vista, hasta que su curiosidad le hizo encontrarse con un rostro nuevo de tez canela, rasgos impropios de la complexión japonesa ordinaria, seguramente aquella persona incluso era extranjera, pero le sorprendió lo bien que su japonés resultaba después de escucharle preguntar si ese era el ejemplar que buscaba.
La timidez y la belleza deslumbrante ajena le hizo asentir con su cabeza múltiples ocasiones, labios entreabiertos por la falta de aire mínima que retomó después de un suspiro y una muletilla de "gracias, muchas gracias", acto seguido logró salir disparado directo a pagar su nueva adquisión y despidiéndose de lo único que conocía, los dueños del lugar.
Su corazón aún latía con fuerza, nunca había pasado algo así que le parecía incluso cliché, como las películas que su hermana mayor veía o la novela que su mamá escuchaba en la radio.
"Amor pasajero" pensó, cualquier otra persona se sentiría igual en su posición, después de todo esa persona rompía su aburrida rutina”
Seis meses habían pasado desde que su prometido falleció por sus manos, el recuerdo de su primer encuentro llegó a la memoria mientras la melodía se escuchaba en la radio pues recuerda las ocasiones que ambos la cantaban al bailar por la sala, la manera en la que sus manos se entrelazaban y las sonrisas cómplices por ambos, gestos tan sencillos para el resto, pero para Keishi tenían un valor inimaginable.
Las lágrimas traicioneras comenzaban a deslizarse por sus frías mejillas, el invierno ya se había adueñado de su hogar y ni el calor de la taza de té de sus manos era suficiente.
Lo extrañaba, extrañaba a su prometido, al chico de la librería que se convertiría en la causa de su amargo dolor.
Al final fue un amor pasajero, uno que amó con toda la intensidad de su corazón y que jamás volvió.
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◝ 流星雨 .
* Referencia a un capítulo extra de MDZS (Mo Dao Zu Shi) * Referencias a APH (Axis Powers: Hetalia) * Roleplay, el OC de Zheng no me pertenece.
La biblioteca del instituto parecía resultar un lugar enorme repleto de tesoros que no se limitaban siquiera a los del papel, entre sus curiosidades por saber más encontró un viejo quemador de incienso: tiene cuerpo de oso, nariz como la de un elefante, ojos de rinoceronte, cola de buey, patas de tigre. El estómago es el soporte del incienso y luego de encenderlo un ligero humo emanaba de su boca.
Curioso ante su descubrimiento decide enseñarlo a Zheng, su hechicero con quien compartía ya algunos días de casado dentro del instituto estudiantil, desafortunadamente este no se encontraba y el sueño le obligó a descansar en la cama, tan pronto la tocó sus párpados cedieron para verse inmerso en el sueño.
— Arthur, Arthur, Arthur. ¡No puedes quedarte dormido! En 20 minutos comienza la lluvia de Lírdas ¿O acaso hicimos todo este recorrido en vano? ¡Vamos, no seas un aguafiestas perezoso! —
Sus ojos se abrieron a la par de sus palabras, párpados nublados ante la repentina interrupción de su sueño entre la dulce dicción y besos que llenaban su rostro, como pequeños toques de alegría sin un fin específico pues cada uno parecía tan diferente del otro, sin embargo su cuerpo pesaba, se sentía terriblemente cansado como aquel que recorre una larga distancia sin tomar intervalos para recuperarse, y lo único que deseaba era descansar de nuevo, pero hubo algo que no parecía concordar. Ahora podía ver con ambos ojos sin dificultad alguna.
Tan pronto se dio cuenta de aquella primera diferencia su cerebro inmediatamente después hizo sinapsis. Su nombre no era Arthur, por ende no pertenecía a el occidente, tampoco aquel hombre rubio de amplia sonrisa le era un rostro familiar y sin embargo la calidez de sus acciones y palabras le hacían creer que si, que le conocía de toda la vida, o al menos durante gran parte de ella.
— ¿Lluvia de Líridas? —
Preguntó confundido, seguro aquel chico le tomaría como tonto ¿Cómo no recordar algo por lo que había sido invitado? Pero de pronto perdió cualquier control en sus acciones, su cuerpo respondió por cuenta propia al igual que sus labios, pasó de ser el actor principal a convertirse en un espectador en primera persona.
— Olvidé un momento todo. No es mi culpa.—
Y el chico rubio se lanzó a él para hacerle sentir mejor, parecía que sabía lidiar con aquel malhumor que tenía ¿Por qué estaba siempre molesto? No es que lo estuviera siempre pero tenía la sensación de que era un humor repetitivo.
Sus besos quemaban su piel, sus mejillas y cada recorrido gentil que hacía incluso al momento de descender de sus cerezos, ahí, la forma en la que apresaba su labios a su cuello de forma juguetona, incluso pasando a propósito sus dientes como si fuera a dar un gran bocado le resultó familiar.
Era justo lo que Zheng hacía con él, ¿Por qué?
Para fortuna propia los besos se mantuvieron en eso, besos y jugueteos. Con dos cabecitas rubias hablando y disfrutando lo que el cielo les brindaba en aquella ocasión que se repetía cada año. Con ello se dio cuenta de que el chico que le atiborraba de besos se llamaba Alfred, que tenía un amor desmedido al cielo y todo lo que ello acontecía, y que aquel que por momentos se sintió propio era Arthur, un malhumorado que podía lograr sentir su corazón blando cuando se veía acompañado del menor.
Entonces... Esto debe ser a causa de aquel incienso. Había leído sobre las vidas pasadas y reencuentros, pero probablemente eso era demasiado.
Debería preguntarle a su hechicero por la mañana, seguro el tendría las respuestas.
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