yoledigorosado
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Yo le digo "Rosado"
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Soy Lu, tengo 25 y escribo relatos, poemas, diálogos-guiones, experiencias, cosas de la vi. Blog cama: https://sillon- cama.tumblr.com/ Twitter: no needed.
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yoledigorosado · 7 years ago
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yoledigorosado · 7 years ago
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A PRIORI
Hay psicólogos con la frialdad de un empresario.
Y por otra parte, las preguntas de una entrevista de trabajo nos incitan a hablar de tal manera de nosotros mismos, que pueden confundirse con una sesión de terapia. 
A esto: 1.CUIDADO con las entrevistas de trabajo. Y si usté es personaje público, CUIDADO CON LA TELEVISIÓN. 
2. Es posible cambiar de terapeuta. 
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yoledigorosado · 7 years ago
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Decoro del insomnio. 1.
Mi amiga duerme bien la mitad de los días. El resto, descansa entre 3 o 5 horas. Pero uno de esos en que durmió tres, hizo que tuviera un gesto catastrófico.
Había pautado un trabajo por el que le pagaban poco, pero estaba entusiasmada, hacía mucho que no sacaba fotos entonces dijo que sí. Ese viernes hacia fin de semana, fue a la facultad temprano, y comió en clase mientras hablaba por Whatsapp con otra amiga, ya que la explicación de Durkheim venía aburrida. Su amiga le contaba que se desató en ella algún sentimiento importante que la hizo llorar por un buen rato, pero después se le fue. Mi amiga se distrajo mucho con las charlas por Whatsapp y después Marx, pero salió del aula con el sol de las bellas 3pm en los ojos y eso la puso contenta.
Sin embargo, más tarde se nubló. 
Continuando su día, a mi amiga se le ocurrió ir caminando a su obra social para intentar reintegrar sus últimamente no tan exitosas sesiones de terapeuta, pero la que atendía le dijo que no. Anticipo de fails. Cuando salió de ahí, habló de nuevo con su amiga por Whatsapp hasta que el señor del trabajo que había aceptado para esa noche le escribía en simultáneo para concretar lo que habían pactado.
Mi amiga decidió -en ese momento-, decirle que quizá no le sería posible ir, que el lugar de trabajo quedaba muy lejos y la zona podría ser un poco peligrosa. El señor del trabajo –que tocaba en una banda esa noche con otras bandas- la agregó enseguida a un grupo de Whatsapp junto a otros chicos de bandas también, en el que ella tuvo que presentarse y escribió :”Hola! Ay, me da vergüenza hablar por acá. Bueno, no importa. Soy la chica que tiene que sacar fotos, pero se me complica ir hasta el lugar. Yo vivo en el barrio el Mondongo. No sé”. Con lo del barrio, mintió. 
El señor líder comunicador del trabajo a ella le contestó y dijo que al parecer ninguno podría llevarla, entonces ella un poco se enojó. No tenía mucha plata para un taxi y encima le pagarían poco, a pesar de todo. Durante esa hora, por el centro de la ciudad, cruzó varios semáforos en rojo, pero más en verde. Con la tarde encima, que se volvía cada vez más gris augurando una posible tormenta, intentó llamar a su amiga que al mediodía tuvo la fiebre de llanto. Y también quiso hablar con su hermano, con su papá, y con su mamá. Pero ninguno la atendió. 
Por la tarde no tenía cita con nadie, pero igual parecía apurada; algo en el ambiente - o quizás también el ambiente- generaba prisa a su alrededor. Mientras, ella sólo sabía que su amiga estaba en el dentista pero nada más, su hermano charlaba con un amigo y no contestaba, mamá al parecer había ido a la farmacia y papá estaba ocupado en el trabajo. Mi amiga, sentía justo como si todos se dieran vuelta en su presencia y siguieran caminando. Dijo que así se sintió. Y también se sintió fea. Tanto que no podía evitar mirarse cómo crecía, abominable, el frizz de todo su pelo en cada espejito roto de los que suele encontrarse en el piso, o en cada vidrio de los autos, o en los reflejos de los edificios.
Pero en una cuadra decisiva, sin servirse de nada más que de eso entre su verborragia, un impulso miedoso y las ganas, le dijo al señor del trabajo que no. Y también ahí le dijo que se había dado cuenta que encima la estaban cagando, porque él le propuso a último momento sacarle fotos a más bandas. Y le pagaban poco. Y le recordó que el lugar era lejos, y que era de noche, y que nadie la quería llevar. Hasta pensó mi amiga que, si alguno se ofrecía, siempre cabe la posibilidad de que el chofer termine en pedo, o sea un violador, o choque el auto, y sus trescientos pesos de paga no servirían para arreglar una nariz rota, de nuevo.
El señor del trabajo le respondió con un audio de 32 segundos. Mi amiga tuvo mucho miedo de escucharlo. No lo escuchó en el momento porque justo le respondió su amiga de Whatsapp contándole que estaba por salir del dentista y que qué lástima que no pudieron ir juntas, pero que ya iba en camino a encontrarse con ella, por 13 y 46. Y también, en ese mismo momento, a mi amiga la llamó su mamá. Al final de la charla lloró.
-Hola, hija. ¿Cómo estás?
-Hola, má....
-¿Todo bien?
-Sí, má.…Bah, no sé, má. ¿Viste que yo tenía un trabajo para hoy? Bueno, le dije al chabón que no porque el lugar quedaba muy lejos y si me tomo un micro yo ando con la cámara y no da, y es muy caro irme en un taxi. Y encima me paga re poco. Y él me dijo a último momento que le sacaba fotos a tres bandas más, pero me quería seguir pagando la misma plata y era injusto entonces. Pero acepté porque tengo que trabajar en algún momento, ¿no? ¡Tengo que hacer cosas!
-Sí…
-Pero cualquiera yo, porque le avisé todo hoy a último momento y ahí me mandó un audio y no quiero que se haya enojado porque no me gusta que la gente se enoje conmigo. Por ahí no es que me pagaba poco o que me daba miedo ir hasta allá, por ahí es que me da miedo trabajar en realidad, aunque igual sea injusto. Ay, es que yo no sé cómo es ser un adulto, mamá no sé cómo se hace, no sé. Yo no sé cómo se hace.
Y lloró.
Y balbuceó. 
Y la mamá un poquito se rió, pero le contestó. “Bueno, má, te dejo que ahí viene una amiga”, terminó ella. Y su mamá le dijo que vaya y que disfrute con su amiga.
Ahí sentada estaba mi amiga, en 13 y otra calle un poco oscura ya, un poco iluminada. Ahí estaba, tapándose la cara por la mitad con la campera enorme de su papá puesta al reverso para que nadie viera que era de una marca de hombre . Ahí estaba, con sus ojeras del poco sueño, y la nariz roja de llanto.
Y por la vereda oscura vino su amiga, y mi amiga se levantó. Se saludaron. Amiga que venía del dentista, tardó unos segundos en notar que mi amiga había estado llorando, pero se rieron después de eso. Caminaron. Mi amiga le contó todo, y su amiga también contó.
-Ay, síiii. Encima el dentista es el hermano del amigo del chabón este, ¡entonces me cobró mucho más barato! Encima era re piola él. Ay, estoy re contenta...No puedo creer...¡Por fin resolví algo sola! Viste que la otra vez también, tuve que ir al ginecólogo, pero fui cuando viajé a mi casa. Nunca fui a un médico acá en La Plata... y eso. Pero bueno.
-¿Y lo de hoy al mediodía qué onda? Estás mejor?
-Uh, eso. Síii. Me hizo re bien llorar.
-Ah, a mí también me hizo bien llorar recién. Mal. Somos re boludas. Igual, qué se yo. Creo que lloré un montón porque a mí cuando duermo poco me pega mal, y hablo con quien no tengo que hablar, y digo cosas que no tengo que decir. Nada que ver...Vos por lo menos no hiciste nada de eso…¿Vos cuánto dormiste hoy?
-¿Yo? Cinco horas. 
(06/16)
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yoledigorosado · 7 years ago
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Nota de clase
Si hubiese elegido hace mucho otra psicóloga disponible para mí, no estaría así hoy, lloriqueando en clase.  
Terminado todo, hubiese salido del aula hacia el profesor parado en la escalera. Le hubiese dicho, secándome un poco los ojos, si me daba un abrazo. Me hubiese respondido que sí, sin notársele en los labios por toda la barba larga y blanca, aún un poco incómodo.  
Yo, por mi parte, no le hubiese confesado que verlo hablar en clase me impulsó –entre otras cosas- las ganas de llorar. “¿Usted es bueno?” le hubiese preguntado. 
Y si me decía “¿qué te pasa?” le hubiese contestado que esperaba que no pensara que me lo quisiera garchar, detrás de todo eso; que no me malinterprete, que yo no funciono así con la tristeza. Además quien estimula es la gente feliz, así que confié en que él no fuera a querer tampoco. 
Le hubiese contado que extrañaba mucho a un chico y le habría preguntado cuándo pensaría él que se me fuera a pasar. Y le hubiese contado también que era un tarado, cuyos pensamientos seguro no coincidirían –encima- con los suyos, para que así me hablara mal de él y me dijera “hay mejores chicos para vos”. Pero si hubiese sido bueno, me habría dicho algo mejor. 
Durante el abrazo, no nos hubiésemos mirado, ni por casualidad. Y él me hubiese hecho apoyar mi cabeza con rodete con trenzas en el pecho y me hubiese dado cuatro golpecitos despacio en el pelo. Y yo lo hubiese agarrado de la cintura, así podría llorar mejor.
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yoledigorosado · 7 years ago
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Relato de la menstruación. 2.
(Esta leyenda que data de la modernidad, cuenta la historia de una jovencita que estaba enamorada de su menstruación.
Su cuerpo naturalmente se quejaba por sus males en su cabecita, y aquello solía repercutir en su sistema hormonal, por lo que su período se ausentaba de su cuerpo por semanas y hasta meses. Es por eso que ella adoraba esos pocos días en que se conectaba de nuevo con la naturaleza de su mundo; eso le hacía pensar que entonces todo estaba bien.
Cada vez que contaba los días para su período, marcaba en un almanaque y celebrara su llegada con gritos y alboroto.
Pero un día en que ella y su familia viajaron por primera vez a un destino de playa al exterior, oportunamente, le vino.
La jovencita no podía entender cómo su cuerpecillo no había querido -¡durante tantos días!- seguir su curso natural de la mano de su período y había decidido tan injustamente aparecer en ese momento, en esas playas.
Fue tanto el odio que sintió hacia su cuerpo allí parada en la costa como estaba cuando ocurrió, que cuentan que la sangre de su vientre se fundió poderosamente con el brazo de Poseidón que mece las aguas del mar Caribe, provocando una revolución en las mareas y sacudiendo el lugar.
Afortunadamente, todos salieron ilesos de aquel suceso. Pero la fuerza del mar que se entrelazó con su sangre, hizo que germinara a través de su cuerpo una maldición, que haría que cada mujer a quien ella conociera padeciera en alguna preciada ocasión la inoportuna y dolorosa llegada de la menstruación.                                                    
FIN
(10/14)
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yoledigorosado · 7 years ago
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Posibilidad del desdoblamiento
Qué bueno que vos sos vos y nadie más que vos. Porque si hubiera la posibilidad en este mundo de verse a sí mismo, de replicar una visión de uno, de ser uno a la mitad dividido en dos cuerpos quizás, te verías tu otro yo a los ojos, a tu otra mitad. Así que si tu otro yo se mirara -te mirara- te vería tal y como yo te veo. Pero qué bueno, qué feliz soy de que vos seas vos! acá donde estás, una sola, solita y completa. Porque, por el contrario, si vos fueras vos y también la mitad de tu otro yo, te verías y al ver lo genial de vos, te inhibirías, y dejarías de ser como sos.
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yoledigorosado · 7 years ago
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La cocina
Entre tantos, existe esta jovencita
que se enamora con la frecuencia
con que un asteroide mediano pasa cercano a la Tierra. 
Es decir, cada cinco años aproximadamente.
Así que, cuando cree probable que esto ocurra,
ella baila por los lugares, sonríe más de la cuenta
y canta, y proyecta.
Y así también, se siente como la mejor persona del mundo.
 La última vez, fue de un chico que conoció afuera de un recital.
Después de verse ahí por casualidad, se agregaron a Facebook
y hablaron dos veces más.
Pero fue cuando ella vio un video suyo cantando en su muro,
que por él sintió mayor curiosidad.
Esto podía ser un amor a segunda vista, creyó.
Y sí que lo fue, así empezó. 
 Al visualizar el video, se encantó de inmediato de su voz,
y de sus labios, y con estos,
de su sonrisa gigante.
Encima era músico y ahí cantaba una canción de Spinetta,
que sumaba como buena señal,
de chico apropiado para salir con ella.
Luego miró un poco más en sus redes
y concluyó finalmente en que le parecía un jovencito sencillamente lindo.
 El que le gustara alguien completamente nuevo
era todo un acontecimiento.
Se había enamorado sólo tres veces en su vida
y la última había sido hace tanto ya,
que había olvidado cómo se sentía.
Esta vez, igualmente,
no gritó cuando él le dijo que hicieran algo,
pero supo que hace muchos años lo hubiese hecho.
Esta vez, igual,
con la cara blanca de luz de celular al ver que él le dijera:
“¿Querés que nos juntemos?”, se sonrió y cerró nerviosa el chat.
 En los días previos a encontrarse,
su fascinación por él creció progresivamente.
Desde la tarde que hablaron por Facebook,
ella, cuando llegaba a casa, reproducía
-como si fuera una canción de fondo- su video de 30 segundos cantando,
al punto en que su mamá pensaba
que se trataba realmente de un video de canción.
Pero no: era ella queriendo recordarlo
y sentir cómo iba a ver todo eso de nuevo,
pronto, en la vida real.
 Desde ese día hasta la noche en que finalmente se vieron,  
miró sus fotos de nuevo,
una y otra vez.
Cuando llegó el momento de intercambiar celulares,
ella agendó el contacto de él de Whatsapp por su sobrenombre
¡como si ya lo conociera! 
 Pasó noches de dormir poco
imaginando infinidad de situaciones juntos:
yendo a otros recitales,
paseando por el parque de la mano,
o besándose,
o garchando
(¿o “haciendo el amor”?),
y a él, diciéndole a ella que la amaba,
y a ella, después, mostrándole fotos de él a las personas que quería.
 Una tarde, se probó un vestido que pensó
que al salir con él usaría,
para ir a tomar un licuado afuera,
o para ir al cine.
Y la chica no tenía abuela,
pero sabía que ahora sí iba a poder contestar
a alguna viejita o a cualquiera
la tradicional pregunta:
“¿Y el novio?”.
A eso, ella diría “ahí anda”, como si ya lo tuviera.
¡Porque lo visualizó!
Se imaginó al chico cargándola encima por la calle,
y a sus labios,
diciendo todas esas cosas de los que más se quieren…
Cosas que le habían pasado a ella antes,
de esos diálogos y situaciones que también salen en las películas.
 Hasta que entonces, un día
-o mejor dicho, una noche-
se conocieron.
 Antes de la cita, por las dudas,
ella había arreglado su casa apenas.
Estaba viviendo con su mamá en su departamento por un tiempo,
por tanto el orden ahí era casi natural.
Así que le dijo a su mamá
que fuera a hacer algo esa noche afuera,
para que su casa quedara para ella y el chico nuevo.
Barrió, igualmente, y limpió rápido,
porque él estaba próximo a llegar. 
 Pero cuando fue a escoger la ropa,
se paró frente al placard
y después de unos minutos
se encontró con que había elegido un atuendo aburrido
y completamente negro.
“Pero el negro es negro” sabía,
y a veces quedaba bien así.
Aunque tampoco hubo un labial llamativo,
de esos que a veces usaba,
ni aros grandes,
ni nada que se pareciera tanto
a alguna cita de otras veces.
Ya había probado de vestirse colorida antes,
y de ponerse esos aros grandes,
pero eso no significó novio de nuevo,
ni noche genial, ni nada de eso.
Además, sabía
que a veces las personas no tienen ganas de emperifollarse,
por ejemplo, para tomar una cerveza por la ciudad,
así que ella pensó entonces ahí “vamos a probar”. 
 De esta manera,
intentó dejar atrás esas formas viejas,
en las ropas,
de aparecer ante una cita.
No obstante, se puso una crema con olor rico,
que la hacía sentirse bonita.
Asimismo, también puso, sí,
música de previa para esperar, y perfume en el hogar,
y dejó encendidas las luces perfectas
por si decidían luego ir a su casa.
Primero, dio play a electrónica actual,
mientras buscaba las cosas para meter en su mochila,
y después, sintonizó jazz. 
 Sabía que el jazz era anticuado y tradicional,
aunque a ella le encantara.
Pero esos estilos musicales auguran otras cosas:
no noches de mochila, ropas sueltas y cerveza.
Tampoco minutos detenidos en plazas
y encuentros con desconocidos con pelos de colores. No.
A eso, a veces se entiende que es mejor indie o pop,
o cualquier otra cosa.
Pero ella guardaba ahora
esa sensación del amor de enamorado,
así que dejó que sonara “Just squeeze me”
despacito, en su celular. 
 Así como se cuenta,
se acomodó y dejó todo en condiciones
por si había una vuelta a casa.
Cerró la puerta suave,
pero algo hubo esa noche que ella no imaginó:
es que casi iba a colarse con ella
el ruido eléctrico e incesante de su heladera.
Ese que,
ante lo moderno de su hogar y de chica de veinte años,
hacía sentir al suyo como una morada de ancianos.
Ese, al que hasta puede inventársele un olor.
Aún con cualquier apariencia,
aquel zumbido hacía de cualquier cosa
una auténtica casa de viejas. 
 En cuanto al chico nuevo, igual,
no hay que pasar por alto una cosa:
era casi certero que tenía a alguien a quien quería,
o “amaba”, en realidad,
algo había visto ella en las redes.
Era de esas chicas que estudian artes y parecen más libres,
que también hacen cosas cool
y se visten distinta a la jovencita enamorada.
Y con esta chica,
él tenía una relación y garantía sexual,
pero por la joven enamorada
-podrá cualquiera darse ahora cuenta-
ni siquiera sentía curiosidad. 
 Así que esa noche, ahí en su casa,
fue el encuentro más olvidado de todos.
“¡Qué lástima!” pensaba para adentro ella,
“¡qué pena!” no haber compartido ideas.
 A ella, el chico músico le gustaba mucho,
y sabía que lo podría querer alguna vez.
Pero esa era sólo una ilusión suya.
En cambio, ella a él un poco le gustó,
pero él no iba a quererla a ella nunca,
porque no le interesó.
“A veces- pensaba ella- los chicos se quedan si les gustás,
no les importa si los querés”,
se había dado cuenta. 
 Y ¿qué es “gustar” y qué es “querer”?
Aunque sobre esto último…
quizá podía encontrar rastros de eso.
Si él le corría el pelo de la cara,
aplastándole la cabeza con las dos palmas de las manos,
como si estuviera peinando con gel a un niño de doce años…
O alguno de esos besos en la frente.
O preguntar justo por esos objetos de la casa que,
en lugar de un recuerdo,
a veces guardan una herida.
Quizá en todo eso había algo del querer…
 Pero si después de eso él no le habló más,
si en toda la noche nunca la llamó por su nombre,
si casi no le preguntara por ella,
entonces, todo eso, ¿qué explica?
Si había hablado tanto más de él mismo,
y se habían besado,
pero no sabía absolutamente nada de ella,
entonces, eso, ¿qué significa?
 Ella estaba encantada de sus labios,
parecidos a algunos que conoció muy bien en la adolescencia.
Esos algo gruesos y que encima,
en el labio superior,
tienen forma de piquito en la parte de abajo.
Ah, y con unos dientes muy blancos también había nacido él.
Pero de especial para ella,
sus labios tenían esa característica infalible
de resultarles familiar.
Y a eso, ella pensaba:
“si estoy frente a él,
sólo estoy contenta si lo tengo que mirar”.
 Y se hubiese acostumbrado a su libertad,
a su estilo de vida errante,
y de verlo moverse aún
con los embates naturales de la subsistencia,
aunque todo eso que le costara
a simple vista no se viera.
Se hubiese acostumbrado a todo eso con él,
porque ella también era igual,
pero de otras maneras. 
 Pero de haber coincidido como fuera, algo era seguro:
ella no iba a aceptar que él no le hiciera preguntas,
que no se debatieran en ideas.
Era un poco triste,
porque ella sabía que en algunas cosas pensaban igual:
lo había visto en su muro de Facebook,
lo cantaban sus canciones,
lo percibía en sus amigos.
Sabía que veían los valores de la vida en las mismas cosas,
que entendían lo que significan las revueltas de lo que somos,
con el tiempo,
de todo eso que vamos siendo,
con todas sus contradicciones.
Él, aunque no lo dijera esa noche,
tenía en común con ella
las identificaciones por una acción buena,
y la ignorancia genuina por las cosas grandes,
esas que tienen nombre a veces y en las que muchos creen,
y de las que ellos no se sentían parte nunca.
 Ella pensaba para adentro:
“ay, ¡qué desperdicio!”
- así como dicen las señoras-
“ay, ¡qué pena!”
el no haber compartido ideas.
Que él no quisiera, bah,
porque a eso ella siempre es abierta.
Si habrá sido cuestión del tiempo,
de una juntada que no fue duradera,
se preguntó mucho ella.
“De todos esos encuentros que tuve
y que la gente tiene y duran muy poquito,
¿hay alguno que valga la pena?”
 A su cita,
que bien se recuerde,
ella había alistado su casa apenas.
Pero cuando, antes de irse, en silencio,
él fue a darle el esperado beso:
¡cric! se presentó de nuevo, el ruido de la heladera.
“Ay, ese ruido de la heladera” dijo ella.
Y como se atrajeron,
se besaron mucho tiempo más.
Cuando pararon,
interrumpió riéndose con:
“en realidad tengo sesenta años,
espero no te hayas dado cuenta”.
Él, entonces, se acercó al artefacto ruidoso de la cocina,
y movió las cosas que tenía arriba.
“A veces las heladeras hacen ese ruido porque tienen muchas cosas encima”
dijo él.
Después,
metió la mano entre la pared y el freezer y la acomodó,
ya que el ruido no cesaba.
“O por ahí es porque ya están medio viejas”, conjeturó.
 Luego de los besos, fueron a su pieza.
Cuando estuvieron en su cama,
ella le hizo una pregunta y él se sintió incómodo,
por lo que respondió con cierta rudeza.
No era algo tan extraño tampoco.
La gente le remarca siempre a ella que haga tantas preguntas,
pero esta vez no fue ninguna que pudiera hacer sentir tan incómodo a alguien,
lo prometo. 
 Aunque igual él un rato más en su casa se quedó,
fue luego ella la que, después de eso,
se incomodó.
“La incomodidad de uno se convierte enseguida en incomodidad del otro”
coincidieron en ideas una vez una amiga y ella.
Entonces el funk que eligió él y sonaba bajito desde la PC,
quedó pequeño ante esos silencios,
que luego llevaron a que él quisiera irse.
 “Los duelos de enamorados tardan en superarse más o menos
la mitad del tiempo del vínculo transcurrido”
teorizaba ella siempre.
Entonces así estuvo tres días.
“En un día y medio, me olvidé”,
se decía.
Pero lo que sí dudaba y le daba miedo confirmar,
era si iba a enamorarse, en su vida,
aunque sea alguna vez más.
 Cuando se quedó sola en casa
esa noche después de él,
fue a acostarse con cierta tristeza.
Su hogar fue, por esas horas,
de absoluto silencio y soledad.
Pero lo que ella no se había dado cuenta,
sino hasta el momento en que se acostara y él se fuera,
es que él había arreglado
-aunque sea por un tiempo-
aquel ruido de la heladera. 
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yoledigorosado · 7 years ago
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Guardia Jueves 01.05 AM
Médico: -…Bueno contame. Chica: -Sí, em, me siento un poco rara. Estoy medio mareada. Además me siento la respiración rara también… Médico: -Bueno, miramos. ¿Cuántos años tenés? Chica: -Veinticinco. Sabés que siento como…ay, está frío. Médico: -¿Qué cosa? ¿El estetoscopio o acá? Chica: -El estetoscopio..Te decía que siento como si exhalara sin estar exhalando. O sea, como que me sale aire de la boca constantemente, sin que yo lo saque con la respiración. Médico: -Bueno, por ahora noto todo bien. Chica: -Justo ayer fumigaron todo el edificio. ¿Puedo estar intoxicada? Médico: -Eh, no, por lo menos a simple vista, así, no tenés síntomas de intoxicación. Por ahí podés tener esa sensación que decís vos en la garganta un tiempo más, pero se te va a ir. Chica: -Ah bueno. También me duele un poco la panza y como que digo sin pensar, ¿entendés? O sea, puedo hablar un montón pero sin pasar por el proceso de racionalizarlo. Medio como drogada, algo así. No sé si es drogada tampoco... Médico: -¿Pero consumiste algo? Chica: -No. Médico: -¿Dónde vivís? Chica: -Acá a la vuelta. Médico: -Bueno, es cerca. Cualquier cosa venís de nuevo. Chica: -Claro…¿Y no tengo fiebre? Médico: -La medimos si querés, pero no tenés temperatura corporal alta. Nos fijamos, a ver. Chica: -Bueno, genial…Eh, no sé mucho qué hago acá. Un poco sé que no tengo nada, pero quería venir por las dudas. Médico: -Está bien. Para eso estamos. Te iba a decir, es medio tarde, viste que afuera no hay muchos jóvenes, te habrás fijado… Chica: -Sí, lo sé. Hay puros viejitos sentados…Pasa que además ningún amigo quería hacer nada hoy y bueno que se yo, me distraje. Médico: -Así que venir a la guardia era tu salida de jueves… Chica: -No, jaja. Bueno, sí. Algo así. Pasa que me mudé hace poco y no tengo mucho que hacer todavía. Médico: -¿Sí? ¿De dónde sos? Chica: -Del sur. Médico: -Qué lindo el sur. ¿Qué parte? La cordillera es linda. Hace dos veranos anduve por Villa La Angostura. Chica: -Sí, yo soy medio de por ahí. De la parte fea, digamos…Ey te hago una pregunta, ¿puede ser por ahí que me sienta sola? Médico: -Eh, ¡no lo sé! ¿Vos te sentís sola? Quizás, es normal igual, pero no necesitás un médico de guardia para eso... Chica: -Sí, ya sé. Médico: -Por qué, ¿te viniste sola a vivir acá? Chica: -Sí, por razones extrañas estoy acá, sí. Vivo sola. Ay, perdón. No me mires. Médico: -¿Por qué? ¿Qué pasa? Chica: -Nada… Médico: -No, estás llorando. ¿Estás bien? Chica: -Nooo…Bah, sí. Bah, no sé. Vos sos el médico. Según vos estoy bien…Pero yo no me considero “bien”… Médico: -Sí, pero… Chica: -Ay, perdón. Soy una desubicada. Me salió de la nada. Perdón. Médico: -No, está bien! Es normal. No hay problemas… Chica: -Sí, ya noté que te puse un poco incómodo. Perdón, ya me voy, más vale. Acá claramente no se vienen a atender esas cosas. Médico: -Bueno, intoxicada no estás. Así que un problema menos, ¿no? No te asustes…Luci, eras, ¿no? Chica: -Sí, algo así. Igual no estoy asustada. ¿Me querés tocar la cabeza?...Ay, no perdón. Viste que estoy como drogada que te dije? No tengo filtro, algo me pasa. Médico: -¿Tocar la cabeza? Te miramos con el termómetro ¿querés? Más preciso. Chica: -Nooo, eso no. Médico: -Pero estás bien! Creeme que sí. Sino, lo mismo, venite después. Chica: -Bueno. Está bien...Y sino, después, me pregunto, ¿puede ser todo esto que estoy creciendo? Médico: -No sé, ¿tenés hipo? Chica: -Ay, qué positivista. Médico: -Nah, era una broma. Igualmente uno está creciendo todo el tiempo…Puede ser…Pero bueno, venís bien, parece. Sino otro día pegate otra vuelta, pero vení con un amigo o lo que quieras, no estés sola. Chica: -Bueno. Médico: -Además sos jovencita. Salí andate a un bar, juntate con gente, esas cosas. Chica: -Ay, seguro que vos sos muy grande no? Debés tener ocho años más que yo nomás. Vos qué hacés en una guardia… Médico: -Trabajo… Chica: -Claro…Ah...Pará… Con lo de tocar la cabeza quise decir onda… Médico: -Sí, ya sé, ya sé… Chica: -¡¡No!! O sea, no así en plan “ee tocame la cabeza”, onda chabón. Médico: -¿Cómo? Y, intuyo que no. Creo que sos una chica, ¿no? Chica: -Sí, perdón. Médico: -Bueno, no pidas más perdón. Estás bien. Te entiendo. Te salió un chiste raro, puede pasar. Chica: -Claro…Perdón. Igual no era un chiste, quería que alguien me toque la cabeza como cuando sos chiquito…Igual gracias. Uno a veces viene al médico porque quiere sentirse cuidado, viste. Médico: -El gusto es mío. Bueno, para que estés aún más tranquila con todo lo que ya te dije que no tenés, fiebre tampoco tenés. Chica: -Bueno, gracias. Y perdón. ¿Tenés un pañuelito para secarme? Médico: -Sí. Chica: -Bueno, te hago una última pregunta. ¿Cuál es el criterio que tienen los administrativos para ponerte primero o segundo o último en el turno de la guardia? Porque yo cuando llegué, ya habían como veinte personas sentadas esperando y a mí me pusieron primera. Médico: En realidad es por orden de llegada o depende cómo te vean y los síntomas que describas… Chica: -Ah, porque a mí me dijeron que entraba en seguida pero después me cambiaron de lugar. Pasé como tercera al final. Médico: -Qué raro. Por ahí alguien estaba en una situación más urgente que la tuya. Chica: -Mmm, para mí era porque alguien me vio riéndome porque estaba mirando el Facebook y me pusieron después. Médico: -Jaja no creo. Pero bueno, entraste rápido. Bien. Chica: -Claro. Bueno, genial. Cualquier cosa vengo después. Médico: -Sí, tranquila que no tenés nada.
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yoledigorosado · 7 years ago
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vínculo
Él: - Te quiero. Ella: - Ya sé que me querés... Él: - Esperaba más bien un “yo también”… Pero bueno… Ella: - Por eso. No entiendo para qué me lo decís, si ya lo sé… Él: - Y, no sé. Porque supongo que eso hace la gente que se quiere. Se dice que se quiere, no? Ella: - Ah, mirá. Señor Frialdad dando cátedra de cómo es querer. Él: - Bueno, nada. Te quiero y te lo quería decir. ¿Tanta vuelta le podés llegar a dar? Ella: - Pasa que no sé… Hay algo que no te creo cada vez que me lo decís. Lo hacés con duda, o como si… No sé. Por ahí es sólo mi cabeza. Él: - Seguro. Como siempre… ¿Este té es el tuyo o el mío? Ella: - El tuyo. Este es mío. Él: - Ah bueno. Ella: -... ¿Alguna vez te preguntaste si me amabas? Él: -… Ehm… Ella: - No, bueno. Seguro que te acordaste de cuando yo te dije a vos que te amaba. No importa eso. Ya está. Fue hace mucho. Él: - Sí… Yo no te dije nada porque sabés… Ella: - No, no me contestes por qué no me dijiste nada. Era muy pronto para vos. No lo sentías. Entiendo. Uno no espera que el otro te conteste siempre. Uno le dice que la quiere a la gente que quiere, no? Y ya. Él: - Sí, lo hablamos. No te lo discuto y sabés que estoy de acuerdo con eso… Ella: - Bueno… Sí… Eso… Yo creo que no sería una locura que me ames. Él: … Ella: - Sí. No te lo voy a preguntar porque todo te pone incómodo a vos. Todo. Él: - ¡No me pone todo incómodo! Siempre te digo que te quiero, y eso… Te lo digo ahora… Ella: - No, no me lo decís siempre. Además me acuerdo, ¡me re acuerdo! de esa vez que dijiste que sólo lo decías cuando “ameritaba”, o en momentos importantes. Algo así. Él: Y bueno. ¡Yo lo siento así! No todos son efusivos o demostrativos como vos... Ella: - Está bien! No juzgo cómo sentís. Sólo digo que decirme a mí “te quiero” me parece muy poco. Él: - ¿Tanto te querés vos? Ella: - Ay, qué malo. Él: - Era un poquito en joda. Ella: - "Un poquito en joda". Okey... Pero noo. No por quién sea yo en este mundo, ponele. No por mi importancia... Sino porque creo que me querés mucho, aunque siempre digas “te quiero” solo… E inclusive más que “mucho". Él: - Sí… Te quiero mucho, y lo sabés! Ella: - Bueno. Gracias por eso… Igual… Yo en realidad creo que me amás. Él: … Ella: - Viste. No me extraña que te quedes callado… Decime, ¿hace cuánto que nos conocemos? Él: - Em… Tres años van a ser ¿no? Que según vos son dos, o a veces tres, y hasta cinco cuando te cansás de hablar de nosotros. Ella: - Cinco, pongámosle. Nos vimos muchos días seguidos, más que las personas que cortan cada tanto. Él: - Bueno, ponele que cinco. Ella: - ... El otro día, por ejemplo, cuando estábamos en la cervecería, me dijiste que lo querías a un compañero tuyo, y lo conociste este año… Él: - Bueno, era una forma de decir. Es que me cae muy bien el chabón! Nos juntamos un par de veces, no me parece mal pibe... Qué se yo... Ella: - Bueno, lo que quiero decir es… Yo amo a amigas que no tienen ganas de verme hace mucho. Amo a un perrito en la calle… Amo a Mario Mazzone… Y ya sé que vas a decirme “pero esas son TUS maneras de querer…”etcétera, etcétera. Pero no pasa por ahí esto de ahora… Él: - Pará. ¿Quién es Mario Mazzone? Ella: - Un periodista de TN. Él: - ¿Lo conocés? Ella: - No, bldo. Se murió hace un montón. Lo conocí, igual, pero bueno. Lo amo como si lo conociera mucho. Porque… qué se yo, sé que es bueno. Entonces no necesito más que eso; y entonces lo amo. Él: - Qué raro, ella, enamorándose de periodistas… Ella: - Sí. Me pasan ambas cosas… Me enamoro y los amo… Bah, no dejo de estar enamorada igual. Porque el enamoramiento a veces se va, viste. Él: - Claro. Ella: - Y eso te pasa a vos conmigo, también… Él: - No entiendo. ¿A dónde vas? Ella: - ¡Estoy acá!... Él: - ¿Decís que ya no estoy enamorado de vos? Ella: - No... Digo que me amás. Él: - ¿Y el enamoramiento? Ella: - Ah, no. Eso no está. Él: - ¿Y dónde quedó? Ella: - No sé. Él: - Mmm Ella: - … Vos no me decís que me amás porque creés que yo pensaría que estás enamorado de mí, si me lo decís. Y en tu mundo yo soy una loca enamoradiza que sólo busca que los hombres no le den más que atenciones. Ya te dije que estás re errado con eso. Y por otro lado y más importante: estar enamorado y amar son cosas distintas, pero vos las mezclás. Él: - Yo nunca dije que no estuviera enamorado… Ella: - Si siempre respondés por la negativa, es porque no hay ninguna positiva. “Yo nunca dije que no estuviera enamorado”… Siempre lo hacés. Él: - ¿Cuándo te dije eso yo? Ella: - Lo dijiste. “Yo no estoy enamorado de vos”. Te costó, pero lo dijiste. También, fue hace mucho… No podría mentir eso, y tampoco podría olvidarme. Igual, no lo estás. Pero no me interesa a esta altura. Él: - ¿Y qué es lo que querés, entonces? Ella: - ¡Nada! Me alcanza con que me quieras. Él: - ¿Cuántas veces en la charla vas a decirme cosas para que te diga que te quiero? Ella: - No, no quiero eso. Él: - Me lo estás planteando como si no charláramos nunca estos temas… Ella: - ¡Hay cosas de las que no hablamos nunca! Esto, por ejemplo. ¡Sabés!... Al final nunca terminás por conocerme... Lo que estoy diciendo es que está bien que me ames, si me amás; así que no te sientas raro por eso. Y está bien no estar enamorado de mí; no es necesario. Y también está bien el que nunca lo hayas estado…no tenías por qué. Él: - Pero vos sí estabas... Ella: - Sí estaba. Mucho. Él: - Sí. Lo sé. Ella: - Pfff… Él: - ¿Eso por qué? ¿Estás bien? Te enojaste… Ella: - No sé. Estoy cansada, boludo… Él: - Pero qué estamos discutiendo? ¿La palabra...? ¿”Te quiero”...? ¿”Te amo”...? ¿Importa si hay diferencia? ¿Realmente importa? Ella: - No sé. Pero no estamos discutiendo las palabras, de eso no tengo duda… Mirá, yo no quiero tu amor como un trofeo de nada. No te digo todo esto por eso. No lo necesito. Yo te adoro, pero sólo quiero que dejes de hacerme sentir que es un error para vos el que me quieras tanto. Él: - Ey… Ella: - No. No tenés que decirme nada…Porque tampoco tenés nada para decir. No confundas enamoramiento con amar, por favor. Le hace mal a nuestra amistad.
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yoledigorosado · 7 years ago
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yoledigorosado · 7 years ago
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Cita n°6 de la vida. 18 y 19.
Él: -¿Me das tu culo? Yo: -¿Por qué? ¿Vos me das tu corazón? Él: -Ehhh, no. Jaja. No te conozco todavía! Es muy pronto. Yo: -¿Pedir un culo no es muy pronto? Él: -He tenido encuentros en que... Yo: -Sí, ya sé. Conozco un montón de encuentros de hombres y mujeres. Contame algo que no sepa...Bueno, ¿entonces vos sí me das tu culo? Él: -Jaja, no. Todavía no incursiono en el sexo masculino. Yo: -No es "masculino"... Él: -¿Y por qué lo del corazón? Yo: -¿Y por qué lo del culo? Él: -Porque no sé...Digo, es normal, ¿no? Yo: -Sí. Es normal hacer culos, y que la gente se deje hacer culos. Él: -¿Y qué tenés vos con eso? ¿Te aburre? ¿No te gusta? Yo: -El sexo siempre me aburrió. Él: -O sea que no me das tu culo. Yo: -Nono. Él: -¿Y tu corazón? Yo: -Siempre lo doy. Supongo que tendría que empezar a dar más culo. Él: -O recibir más culos. Yo: -O recibir más corazones. Él: -Estás aburrida, ¿no? Yo: -La gente me aburre. Me aburre muchísimo. Perdón. Él: -¿Yo te aburro? Yo: -Me dolés, pero supongo que gracias por las preguntas. Él: -¿Qué te aburre? Yo: -Que ya sé lo que van a preguntar. Él: -Igual pará. Yo te estaba pidiendo o proponiendo algo primero a vos, ¿por qué me tendrías que pedir algo a cambio vos también? ¿No es como interesado? Yo: -Puede sonar así, sí. Pero me aburro, ya te dije. Y me parece injusto. Me siento sola siempre dándolo todo...El corazón, digo, no el culo. Él: -Ah. Cierto que no das culos. Yo: -No dije que no doy culo, dije que me aburre el sexo. Él: -¿Qué del sexo? Yo: En general. Culo concha pija acabar, eso. Él: -¿Sos asexuada? Yo: -Yo no digo nada. No importa. ¿Vos sos malo? Él: -No sé. No creo. Yo: -Está muy bien... Él: -¿Y mirá si en el culo está el corazón en realidad? Yo: -Uh, me cierra mucho más entonces el que muy pocos hombres lo den. Él: -Igual ya sabemos qué hay en un culo... Yo: -Sí. Ya sabemos qué hay en un culo... Él: -Bueno. Supongo que no vamos a coger. Yo: -No. Nunca. Él: -¿Te parezco feo...?¿Boludo...? Yo: -Ya te dije. Me aburre la gente. Él: -Igual vos debés haber estado con unos boluuuudos... Yo: -Sí. Ja. Pocos, pero sí. Él: -¿Y entonces cómo sabés? Yo: Porque lo sé. Él: -¿O sea que no vamos a darnos nada de todo eso hoy, ni culos ni corazones? Yo: -Claro. No...Hoy por lo menos no. ¿Te enoja? Él: -No, no me enoja. Me aburre. Yo: -Ah, qué loco que eso no me extrañe. Él: -Qué mala. Yo: -Vos. Deberías probar con dar más cosas alguna vez. No sólo vos...Son aburridos los hombres porque siempre piden. Él: -¿"Pedir"? Qué, a ver Yo: -Sexo, cariño, atención...Mayormente sexo. Él: -Pero no siempre lo tienen. Yo: -El sexo sí... Él: -Ni eso ni las otras cosas. Yo: -Qué no..... Él: -¿Y ustedes lo tienen? Yo: -¿A qué? Él: -Sexo. Yo: -Las que pueden sí. Él: -Las mujeres siempre pueden tener sexo. Yo: -Em...Sí y no. Pero mayormente sí. Él: -Y el resto, ¿lo tienen? Yo: -¿Al resto? No. Él: -¿Nunca? Yo: -Mayormente nunca. Él: -Bueno. Yo: -Bueno... Él: -¿Me das un beso? Yo: -En el cachete sí. Él: -¿Del culo? Yo: -No. Vos dijiste que no das culo. Él: -Jaja es verdad.
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yoledigorosado · 7 years ago
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Charla amigas en convivencia por unos días. Living de casa.
Yo: -Bueno, creo que estoy preparada para tener un hijo.
Ella: -¿Qué?
Yo: -Ah, sí. Me levanté temprano. Ella: -¿Y qué tiene que ver? Yo: -Que no sé…tuve mas tiempo para pensar que vos, que te levantaste recién. Ella: -¿Y qué?...pero…¿en serio? Ah, es tipo…una decisión que uno toma tomándose un té verde a la mañana, no? Yo: -No, pero yo sí. Ella: -Gran idea. ¿y por que flasheás eso? Yo: -Gracias por la ironía y el apoyo…No sé…Cada vez que me ato el pelo y me miro al espejo me siento buena madre. Pero hoy más que nunca. Ella:- ¿Y qué tuvo de particular esta mañana? ¿Por qué tan resolutiva?...¿Podrías, decís? Yo: -Me siento preparada, sí. Ella: -¿Y con quién lo tendrías? Creo que es como lo principal que tenés que pensar, ¿no? Quién va a ser el padre…Cómo lo vas a gestar…¿O pensás adoptar? Yo: -Es una buena idea adoptar ¿no?...Pero quiero que pueda parecerse a mí, entendés? Entonces prefiero que sea mío mío. Ella: -Ah, la clásica. La que quiere tener un hijo porque se ama tanto que se aburrió de ella misma entonces quiere tener un bebé para verse ahí. No seas así... Yo: -Wo wo wo¿Qué tiene? Ademas tengo 25, en edad estoy, digamos. Estamos, bah. Vos también podrías. Ella: -Pero vos sos la que lo está diciendo ahora. Bueno, y ¿quién va a ser el padre? DEJÁME ADIVINAR…. (NOMBRE INPUBLICABLE DE HOMBRE IMPORTANTE) Yo: -¡¿Qué?! ¡¡No!! Cómo se nota que no me conocés entonces. Veinte años de amistad al pedo… Ella: -Re que los re veo juntos…Bueno. ¿Con quién? Yo: -Bueno, vos ya sabés que a mí no me gusta el amor, entonces si tengo un hijo, no va a ser producto del amor, va a ser producto de la ciencia, que me parece mejor que el amor. Bah, y producto de mi amor, ¿no? Ese sí. Claro. Ella: -Pero si te inyectás una jeringa con semen no hay ciencia... Yo: -¿Y qué es eso que ponés tipo un óvulo en una cápsula gigante y lo dejás enfriar? Ella: -Estás mezclando dos cosas que nada que ver. Eso es cuando las mujeres guardan óvulos para tenerlos después a los hijos, o cuando los hombres guardan semen para otras mujeres, para que otras mujeres se lo pongan. Pero si ya elegiste a un hombre para tenerlo, -ponele, que pueda ser tu amigo-, él lo pone en esa jeringuita de plástico y vos te lo tirás adentro y ya está. No necesita pasar por ese otro proceso aparte de las cápsulas, eso no CIENCIA. Yo: -Mmm…Me parece que vos también estás inventando… Ella: -No. Es así, boluda. Yo: -Vos eso lo sacaste de la película esa de Pablo Echarri seguro, pero las películas no son la vida real. Ella: -¿La película de Pablo Echarri? Yo: -Sí. Bueno, igual nada. Definitivamente no lo tendría con un amigo. ¿Y vos que harías? Ella: -Yo? ¡No sé! No me interesa ahora. Por eso te pregunto a vos, que parece que ya la tenes “más clara”. Yo: -No, tampoco así. Pero sé que un amigo definitivamente no, ¿no?. Un pibe tipo ex novio tampoco… Ella: -Ah, ¿y no va a tener un padre entonces? Y te lo digo yo, que nunca en mi vida creo que tendría un hijo…Pero siento como que le estarías negando algo, no sé. Qué se yo…Tenélo con un amigo sino. ¿No me habías dicho que pensaste eso una vez más de chica? Yo: -¿Qué? Estás loca vos? Ella: -Sí, boluda. Me dijiste que cuando tenías dieciséis le habías dicho a un pibe que era tu novio, pero que nunca te habías garchado, que cuando fueras grande le ibas a pedir espermas porque te parecía lindo y querías un hijo suyo, pero sin que se haga cargo…o algo así. Yo: -Ahh, sí. Pero eso fue hace un montón... Ella: -Encima no tiene el menor sentido porque ni cogían, y te daban asco los bebés… Yo: -Ay boluda, teníamos 16, ¿quién cogía a los dieciséis? Ella: -Todos menos vos… Je Yo: - JA. Lo sé. Pero bueno, además yo nunca dije que me dieran “asco” los bebés… Ella: -Ah, re que SÍ lo decías, boluda… Ibas al terapeuta y te largabas a llorar porque pensabas que estabas embarazada y ni siquiera habías garchado, y le decías al terapeuta que te daba asco estar embarazada porque te daban ASCO las embarazadas…O sea, “asco”…Ni siquiera te daba “miedo” estarlo, te daba “asco”... Yo: -Eyy, pero yo nunca dije que me dieran “asco” los bebés… Ella: -Re que sí. Bueno, igualmente tampoco te sabés manejar con ellos. Yo: -Ah, y vos sí... Ella: -¡No! ¡Yo no! ¡Pero yo no quiero tener un hijo! Tengo toda una vida por delante y no quiero que me cague mis independencias de ahora, yo me siento joven todavía. Y suficiente. Yo: -Ay, perdón” feminista”. Ella: -Vos. No sé que flasheás ahora. ¿No es que desde los doce más o menos que estás a favor del aborto? Yo: ¿Cuándo te conté eso? Qué corta que podés llegar a ser, además. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Ella: -Síii. Debés tener muy mala memoria. Que me contaste que una vez le dijiste a una compañera de la secundaria que un bebé en la panza era como tener un grano de arroz, y se asustó y te cagó a pedo, y qué se yo…Justo en este momento de la historia se te va a ocurrir tener un hijo, boluda, dale. El mundo te abre mil posibilidades, y vos te las cerrás sola. Yo: -No lo veo así. Igual…Siento como un aura de dolor en todo esto que me decís. ¿Tuviste un aborto alguna vez vos? Ella: -¿Qué? No, ¿por? Boba, te hubiese contado. Yo: -Ah, entonces querés ser madre. Ella: -¡No! Yo: -Ah, bueno. Entonces dejá a las que sí quieran, pensar… Ella: -Por eso, pensálo bien... Yo: -Pero bueno, lo que sí tendría que pensar bien definitivamente es el tema del padre. Ella: -Y, sí…Para mí que sea un amigo estaría bien, igual. Tenés un montón de amigos hombres además. Yo: -¿Un amigo? JAJA un amigo hombre…Los hombres no se pueden hacer cargo de nada. Un hombre no se hace cargo ni de su propia pija, mirá lo que te digo… Ella: -Coincido bastante. Por eso no quiero tener hijos tampoco, pero no todos los hombres son así… Yo: -Mal Además mejor que no. ¿Mirá si tengo un hijo con uno y yo le digo “bueno pero vos ni cargo, ¿ok? Mío sola”, y después de un tiempo se arrepiente y reclama su paternidad así, en términos legales? Ella: -Raro caso… Yo: -¡O peor! El pseudo jipi o zurdo progre que te ilusiona “sí, ‘compañera’, sí amiga, seamos padres, yo te hago el aguante de padre”, y hace cualquiera o se va a la mierda… Ella: Coincidimos, es correr un riesgo. Bastante una cagada. Yo: -Y bueno, ¿entonces cuál es la cuestión, si pensás casi igual? Ella: -¡Que no sé!... No me cierra. Aparte de eso, vos siempre tenés como esos aires de autosuficiencia, blda, no sé. Recaé en alguien más. No es boludes tener un hijo…¿Y otra madre? Yo: -Otra madre, jaja. Las únicas mujeres que me gustan están locas. No. Dejame de joder. Ella: -Y bueno, no sé. Elegí a alguien mejor. O bueno…Que tenga madrina o algo así. Podés confiar en el resto también…Por ejemplo, ¿yo no sería tipo buena madrina ni nada así, creés vos? Yo: -¿Vos? No sé. Nadie sería buen madrino o padrina o lo que sea. No me gustan esas cosas. Ella: -No sé, blda. Me parece que, como venís, le vas a contaminar a tu hije con tus ideas individualistas y autosuficientes de la vida y no se va a poder relacionar bien con la gente cuando crezca. Yo: -A, re que YO SOY LA QUE QUIERE TENER UN HIJO O UNA FAMILIA y vos NO querés tener un hijo. Creo que soy la más empática y fraternal de las dos. ¿Vos no eras la “independiente” acá?...Me parece que vos sos la que tiene contradicciones con tener un hijo, y creo que por eso VOS SÍ querés tener un hijo en realidad, y como no estás segura, proyectás TUS inseguridades de eso en mí, que yo sí quiero. Ella: -¡¿Qué?! ¡Vos sos la que dijiste que quería tener un hijo, no yo! Yo: -Igual, estoy escuchando mucho protagonismo de opiniones y poco apoyo. ¿Quién va a ser la madre acá: vos o yo? No oigo mis felicitaciones…La charla tendría que girar en torno a MI DESEO, no a tu monólogo de críticas. Ella: -¡Estamos hablando de tu “deseo”…que tiene obvias críticas! Porque vos en realidad no querés tener un hijo, Lucía...Hay mujeres que tienen hijos porque les cayó un hijo, otras porque creen que es buena idea porque son maduras y adultas…Vos no tenés ni un laburo todavía... Yo: -Ah…la del laburo..Típica también…Sonás como una madre. Ella:-...dejáme terminar…Y están otras como vos, las que pretenden desprenderse de sí mismas porque se aburrieron, y bueno, ahí están, quieren tener un hijo para llenar ese vacío de “¿qué mierda hago con mi vida? Bueno, genero otra y que la otra vida se haga las preguntas sobre la vida porque yo ya ahora me encargo de otras cosas…” Yo: -Qué enroscado todo eso. Ella: -¿Por qué? ¿Porque es verdad…? Yo: -Qué feo eso que decís…Encima sonaste igual a mí. Sos como yo pero sin hijos. Ella: -Te conozco casi más que vos misma, JE. Yo: -A RE. Es muy atrevido de decir eso. Ella: -Y…Pero me parece algo egoísta. No creo que estés para nada preparada para tener un hijo en realidad. Yo: -Ah, y a ver: ¿cuándo se está PREPARADO para tener un hijo realmente? ¿O cuándo estás preparado para algo, lo que sea, cien por cien? Ahhh, seguro que tu prima, por ejemplo, “deconstruyó” todo su narcisismo antes de tener a su hijo, ¿no? Ella:-No… Yo: -Y no. Claro. No alcanzó, si le vino el hijo de arriba… Ella: -¿Cómo “de arriba”? “De arriba” es cuando tenés suerte. Yo: -Bueno, eso, blda. No me hagas explicar boludeces, vos entendiste. Le cayó “de prepo”. Como sea… Ella: -No viene al caso…Perdón, me quedé en la mente con eso de que yo no sería su madrina, digamos. Eso es medio de forra...No por si tuvieras un hije, sino de vos conmigo… Yo: -¿Por qué? Va a ser mi hijo, de nadie más. No quiero andar cargándole cosas a otros que son mías…Igual como que siento que me estás atacando. No sé si porque recién te levantaste o qué…¡AHÍ ESTÁ! Ella: -¿Qué? Yo: -ESO le pasa a la gente que no tiene hijos en su vida…Al final después termina deseando haberlos tenido, y después ya el tiempo no sirve. Como a vos ahora: te interesás de algo que te hacés la que no, pero sí. Ella: -No podés hablar del futuro porque no tenés ni idea, pero espero que vos digas que querés tener un hijo como decís desde hace seis años que te querés ir a San Martín de los Andes y nunca te vas, ¿no? Yo: -Por ahí sí. No lo había pensado así. Pero estoy segura de que más pronto te voy a tener que prestar YO A VOS mi lista de mis diecisiete años de nombres neutros para bebés. Ella: -Ni en pedo. ¿Ves? Por eso…De niña que odiaba a los bebés, pero buscaba nombres de bebés sin sexo, a tener un hijo. Al pedo todo. Con los años te volviste una Susana. Seguro tenés un varón y le ponés “Carlos”. Yo: -¡Siempre fui en parte una Susana! Pero yo no tengo problema con eso... Vos sí. Ese es tu conflicto: vos no aceptás tu susanez. Vos sí querés tener un hijo, y yo no. Ella: -¿Qué? Aah, bueeno. Yo: -Bueno, lo que quiero decir… Ella: -Sí, ya lo dijiste… Yo: -No, lo que quiero decir…es que por ahí serías mejor madre que yo. Ella: -¿Eso es todo lo que querías decir con esta charla? Yo: -No, no sé. No creo... Ella: -Yo tampoco lo sé. Pero gracias, qué se yo…Y perdón, debe ser que recién me levanto. Debería tener más paz, puede ser. Yo: -Sí. Tenía una idea y pasé a segundo plano gracias a tu buena onda de las once de la mañana. Además no conozco a una persona que hable tanto cuando se levanta si encima está malhumorada... Ella: -Perdón. Posta. Igual, estaba pensando…¿Alguna vez viajaste sola? Yo: -Eh, no…Ah sí. A Disney. Ella: -Eso no es viajar sola, blda. ¿Posta nunca viajaste sola? Yo: -Ay, no, creo que no. No me acuerdo. Ella: -Mmmm…Y yo más o menos…Estaba pensando que deberíamos ir a San Martín en algún momento, a ver si aunque sea podemos ser buenas con nosotras mismas. Yo: -Estás mezclando cosas que nada que ver. Pero sí. Estaría bueno ir a San Martín, no? Ella: -Sí, obvio que sí… Yo: -Yo tengo el aporte de mis padres igual nomás. Ella: -Y, yo en gran parte también. Yo: -Bueno, qué se yo. Veamos qué sale. Deberíamos pensarlo mejor. Ella: -Sí, pero pensémoslo…Me parece bien ir…Tocaron el timbre, yo creo que debe ser para vos. Yo: -¿Te fijaste quién es? Ella: -Eeeee, sí…es el padre de tus hijos. Yo: -Decile porfa que ahí bajo…Forra.
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yoledigorosado · 7 years ago
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Mi madre, la tesis y yo
Me son indiferentes los lunes, como idea. Pienso que son igual de chotos que el resto de los días. De hecho, a veces pienso que son mejores porque la cabeza ocupada es saludable.
Pero despertarse de forma exasperada un lunes de actividades por un tercero cuando uno está acostumbrado a vivir solo, no es bueno. A las casi 12:30 horas, me levantó mi mamá a los gritos. 
-¡Lucía, vení!
-¿Qué pasa, mamá?
-¡Vení, Lucía!
“Debe ser algo interesante en la tele. O catástrofe doméstica”, pensé. No me quería levantar todavía. Además los entusiasmos de mi mamá suelen oírse siempre parecidos cuando me grita algo, entonces ya no sé cuándo se trata de algo que me importe más a mí o a ella, o si de hecho, sea tan fundamental como para hacer que interrumpa mis siete horas de sueño, que valoro por demás.
Fui, porque hay que ser considerado con quienes uno quiere, después de todo. Pero me tomé el tiempo suficiente, aunque estuvo mal eso, dada la situación que se estaba desatando adentro de mi casa. Daban la luz de sol de mediodía de la izquierda en mi habitación, y la artificial del baño, ahí en el medio, entre ambo cuartos. Ahí me paré. Descalza, rascándome la cabeza, pisé algunas gotas afuera de la puerta del baño. 
“Lucía, ¡¿cómo se cierra esto?!”, me gritó, medio agachada al lado del inodoro. El chorro del bidet casi pegaba arriba del techo y se estaba mojando todo. Mi mamá estaba ahí, con sus guantes amarillos, limpiando el baño,  y no podía cerrar bien la canilla, dado que se supone no la conoce tanto como yo.Pero ninguno de estos sobresaltos me parecen extraños.
El mes anterior, una noche cualquiera, mi mamá hizo que deje de ver una peli a las 2am en su cama porque, abajo, mientras había ido a hacerse un té en pijama, tuvo otro ataque doméstico. “¡Lucía!” gritó una o dos veces. Mi viejo dormía, encima. Fue raro que gritara alto porque siempre piensa en eso, que mi papá tiene que descansar, entonces creí que debía acudir. 
Cuando llegué a la cocina, la encontré en su pijama mangas largas, conjunto rayado azul y blanco, mirando en la oscuridad. Miraba un fuego naranja, vivo. Se le había quemado una caja de pizza que habíamos dejado muy cerca de una hornalla, y mi mamá sólo la corrió de lugar, y la dejó ahí, sola, encendida por el fuego, mientras la observaba. “¿Qué hacés parada ahí, mamá?” le pregunté, igual, sonriendo, descolocada. La caja tenía dos porciones de pizza ya un poco amarillentas pero pizza en fin, y le dije que le había quemado el almuerzo a papá, pero me recordó que a mi papá tanto no le gustaba la pizza, así que todo bien. Así es que sus formas de importunarme no me resultan tan misteriosas.
Pero en departamento propio, cuando es de mañana y hay que dormir, es otra cosa. 
Volviendo al lunes en mi casa, en el baño, cerré la manija del bidet con mayor fuerza, y asunto solucionado. Mi mamá me preguntó, de nuevo, que hacía durmiendo, que ya era tarde, y le dije como siempre que me dolía todo y quería seguir acostada, pero igual estaba bien levantarme porque tenía que cursar en media hora. Eso suponía, por lo tanto, la neurosis natural de los días de clase y pensar en la tesis. Así que así empezaba el debate de mediodía, el intercambio antes del “buenos días”; las primeras palabras, el fervor en pijamas.
-Mamá, yo no puedo hacer la tesis.
-¿Pero no era que era “re fácil”, que estabas muy segura?
-Pero mamá, el otro día un compañero tuvo que dar una lección oral, una EXPOSICIÓN, (en voz más alta) de una materia del ciclo básico, y se DESMAYÓ. Imagináte una TESIS. ¡Le agarra un paro cardíaco!
-Bueno, pero a todo el mundo le hacen hacer tesis. No a vos solamente, ¡es a todo el mundo!…
-Pero mamá… ¿Vos te das cuenta que te van a juzgar siete personas? Por algo se llama “jurado”, ¡porque te juzgan!
-Eso será un “juzgado” en todo caso.
-Bueno, eso…Pero igual…
Terminé yo, quedándome pensando. Soltando más el aire un poco, después de gastar tanto aliento repentino en el aire matutino. Estaba el tele prendido, mi mamá cambiaba cada tanto: canal de noticias, o alguno de cocina. Yo buscaba ropa para ponerme o inspiración para irme a cursar. Ella cada tanto se sentaba en el sillón a mirar las noticias, que pasaban algo de Cristobal López en ese momento y yo caminaba, de la pieza, al baño, al living.
-¿Quién es Cristóbal López? (pregunté, con un gesto en la cara que podría confundirse con extrañeza o expresión de “recién me levanto”).
-¿Cómo “¿quién es Cristóbal López?” Lucía? ¡El dueño de C5N! ¡¿En qué mundo vivís vos?!me contestó. 
Mi mamá responde esas cosas que sólo tienen indignación en el momento en que se responden, pero no tienen lugar nunca más. O salvo que se enfurezca conmigo un día por algo y entonces ahí sólo ahí, después de mucho tiempo, dirá algo como “Lucía, vos no sabés ni donde estas parada. ¡No sabés ni quién es Cristóbal López!” Pero no es que le asombrara realmente día a día que yo no lo sepa, (más aún porque estudio Periodismo) sino que algunas cosas le asombran en general, sin razón ligada a algún hecho aparente.
Después, mientras, se puso a limpiar el inodoro. Yo por mi parte, me había puesto a pensar de nuevo que no quería hacer la tesis, que hasta a la clase me daba miedo ir, mucho miedo. Encima que, como suelo llegar tarde, me asusta el entrar y quedar en evidencia por mi irresponsabilidad. Pensaba que ahí sólo podía sentir miedo y hambre mientras estaba sentada, porque además nunca como antes de ir a cursar. 
“El Chaqueño Palavecino enseña a hacer empanadas de chori”, leyó la locutora de la configuración de TV para ciegos, en TELEFÉ. La chabona relataba el almuerzo en “Morfi”. Nunca entiendo por qué tengo activado eso y no sé cómo quitarlo. “¿Empanadas de chori?” me pregunté en voz alta. Mi mamá no contestó nada. 
Continué el debate.
-Mamá, además yo nunca trabajé, tuve algunos ataques de pánico alguna vez…¿Hacer una TESIS? (Seguí) Quiero PROPONER una tesis, pero no HACER una tesis. Una tesis “anti-tesis” quiero proponer.
-Pero bueno, Lucía, es así. ¿Igual no es muy del macrismo la idea de sacar la tesis de la facultad?
-No sé. Mi facultad se hace la inclusiva, no debería tener.
La tevé ahora anunciaba la muerte de María Julia Alsogaray.
-¿Quién es María Julia Alsogaray, mamá?
-La María Julia Alsogaray? Una que era funcionaria del menemismo. “Voy a limpiar el riachuelo, voy a limpiar el riachuelo” decía...Ahí está. Se murió.
Terminó de ver la noticia de María Julia, que parece que bien no le caía. “Lo que le hizo Menem a este país no tiene nombre”, dice ella, cada vez que habla de Menem, y se acuerda de cómo era antes Plaza Huincul. 
Mi mamá hace algunos comentarios que suenan como si estuviera poniéndose las manos en la cintura cuando los dice, aunque no lo esté haciendo. No reconozco si es algún gesto un poco italiano de nuestra familia, o es sólo de ella. 
Enseguida de ver lo de la señorita menemista, se levantó del sillón y siguió con el baño, y pensando en mi situación. 
-Pero vos estabas tan convencida, ¡re segura con la tesis...!
-¡Y si! De hecho, por ahí pienso que en una de esas me va tan bien, que la profe me llama para que sea ayudante del Seminario de Tesis, y voy a tener mi primer ayudantía en una materia por invitación...
-¡Obvio!
-No, pero eso sería terminar como el chabón de la primera temporada de Black Mirror, con el vidrio en la garganta. No. Yo no estoy de acuerdo con la tesis, mamá. Es aceptar la tesis, o aceptar lo que soy.
-Bueno, vos ya sabías que era así. Hacer la tesis también es ser un adulto.
-Bueno, ¡Por ahí no está bueno ser un A-DUL-TO!
Con esas últimas palabras que sonaban a determinación, di un portazo de baño. Ahora me tocaba entrar a mí. Hubo silencio.Y los ruidos de la ventisca de primavera al mediodía que entraba por una ventana y salía por las otras. Y la tele, siempre. 
Mamá ahora se ponía a cocinar. Yo buscaba la mochila que no encontraba por ninguna parte, algún maquillaje, y entré un par de veces a la cocina sólo para mostrarme que seguía ahí, en casa. Ella, también siguió.
-Aparte, vos que sos medio artista, me parece raro que te cueste hacer la tesis.
Eso fue un claro “más por menos” de mamá. Es decir, me dijo algo que yo consideraría “bueno”, para, al mismo tiempo, decir algo “malo”. “Ay, mamá…” le respondí, en un tono reconocible y muy adolescente de incomprensión hacia los padres, o de ellos a nosotros. 
Entre bufidos por no encontrar mis cosas rápido para irme y sus acotaciones, nos despedimos.
-¡Qué mundo de mierda! (me quejé).¡Y no lo digo yo! (me salió con una voz masculina, que parecía a mi tío Edgardo).
-Bueno, hay que aprender a ser feliz con lo que se tiene.
-¡Pero yo ya soy feliz! ¡No necesito UNA TESIS!
Siendo las 12:50, estaba yéndome de casa al mediodía, otro lunes, de nuevo.
-Bueno, me voy a la facultad. Chau má.
Di otro portazo apresurado y, por el aire, la puerta se cerró con fuerza.
“¿Comés allá?” me gritó mi mamá, desde adentro del departamento. Abrí la puerta de nuevo, para contestarle, di dos pasos adentro. “Em, sí. No sé”.Nos dijimos que nos queríamos, de lejos, y me fui. Ah, y por primera vez en este año, llegué a la clase justo a tiempo. 
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yoledigorosado · 7 years ago
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Relato de la menstruación 2.
Esta leyenda que data de la modernidad, cuenta la historia de una jovencita que estaba enamorada de su menstruación.
Su cuerpo naturalmente se quejaba por sus males en su cabecita, y aquello solía repercutir en su sistema hormonal, por lo que su período se ausentaba de su cuerpo por semanas y hasta meses. Es por eso que ella adoraba esos pocos días en que se conectaba de nuevo con la naturaleza de su mundo; eso le hacía pensar que entonces todo estaba bien.
Cada vez que contaba los días para su período, marcaba en un almanaque y celebrara su llegada con gritos y alboroto.Pero un día en que ella y su familia viajaron por primera vez a un destino de playa al exterior, oportunamente, le vino.
La jovencita no podía entender cómo su cuerpecillo no había querido -¡durante tantos días!- seguir su curso natural de la mano de su período y había decidido tan injustamente aparecer en ese momento, en esas playas.
Fue tanto el odio que sintió hacia su cuerpo allí parada en la costa como estaba cuando ocurrió, que cuentan que la sangre de su vientre se fundió poderosamente con el brazo de Poseidón que mece las aguas del mar Caribe, provocando una revolución en las mareas y sacudiendo el lugar.
Afortunadamente, todos salieron ilesos de aquel suceso. Pero la fuerza del mar que se entrelazó con su sangre, hizo que germinara a través de su cuerpo una maldición, que haría que cada mujer a quien ella conociera padeciera en alguna preciada ocasión la inoportuna y dolorosa llegada de la menstruación.                                                                            
                                                          FIN.
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yoledigorosado · 7 years ago
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Una verdad sobre los caramelos de propóleo
A veces no sé si escuchar música cuando no dormí bien o estoy enferma. Pero al ir caminando siempre se recomienda. Y los caramelos de propóleo también. No sólo es que lo dicen, sino que yo también probé que en combo junto a dos dosis de ibuprofeno o tres por día, y a dos tres tés con miel uno puede volver a ser uno mismo, a pesar del resfrío y malestar todo, aunque uno a veces se olvide. Al final elegí música country.
Después de comprar mis lentes de contacto, fui hasta la farmacia que queda casi frente a mi casa. Ahí había un tipo igual a uno que que conozco pero este era pelado. Por unos minutos pensé que podía tratarse del mismo chabón que conocía, aunque podría haberme saludado si lo era. Él supo que lo miraba con ojos de “yo a este tipo lo conozco”. Pensé en qué enfermedad le podía haber dado a mi conocido que hiciera que dejara de ir al lugar en que siempre lo veía, y que por el mismo motivo no estuviera saludándome en ese momento. Pensé cuál razón sería la que principalmente hizo que se haya quedado sin pelo. Igual estaba rasurado, pensé. Estaba casi muy claro. Quizá no era el señor en cuestión.
Detrás de él compró una chica más jovencita que yo. Le dijo a la que vende que tenía nosequé. Le vi en los labios, los tenía muy paspados. Me dio un poco de impresión porque eran lindos pero no sé si se le pueda dar un beso así, cómodamente. Me esforcé en escuchar que le pedía pero la vendedora repitió algo que terminaba en “cebel” o algo por el estilo, entonces no supe de qué hablaba, aunque le aclaró a la chica que no era nada grave. Y pensé de nuevo, como cada que voy a una farmacia, cuando iba a ser la próxima vez que compre preservativos. La primera fue ahí mismo y le dije a esa misma vendedora que esa era la primera vez que compraba y me reí. En cambio ella me dijo con la misma cara con que sacaba una y otra vez los tickets de venta que “no sé cuál querés, fíjate mirá, acá tenés”. Aún no sé si se pide de algún tamaño específico o qué, o si existe tanta diversidad, pero ese día nadie me ayudó y tuve que comprarlos sola. 
Cuando fue mi turno, la señora me ofreció unos caramelos de propóleo que eran puramente de eso, pero son horribles al resfriado y a los días en que uno esta sano también, entonces le dije que neu. No sabía si valía la pena seguir caminando así de hecha mierda pero tenía muchas cosas que hacer en casa así que preferí seguir hasta la farmacia grande y linda. Apenas abrí la puerta transparente sentí ese olor que sólo hay en las enfermerías. Nunca antes me había pasado ahí. No sé si eso era malo o bueno, aunque por lo menos me dio la pauta de que quizá estaba esterilizado. No, eso ultimo es totalmente mentira. No me hizo estar segura de nada.
En la farmacia grande y linda, había un compañero de la facultad que me saludó pero le costó reconocerme, me dijo. Entiendo, yo estaba toda tapada por que hacía frío. Enseguida le miré la boca y tenía algo raro el labio superior. Pensé que podía ser herpes o paspado, pero se parecía más a lo último. Efectivamente. También estaba la misma chica que trabaja ahí que hace unos dos años me mostró un medicamento justamente para el herpes porque yo pensé que tenía. Esa tardenoche sentada afuera de la farmacia lloré tanto que  me di cuenta que no estaba depresiva, sino que estaba teniendo un problema muy grande, aunque por suerte no era herpes. 
De todas maneras en la farmacia blanca y luminosa esa, que de tan moderna me gusta ir, no habían caramelos de própoleo. Mi compañero me aconsejó otras farmacias en las que probar; no le di mucha bola porque ya las conozco a todas porque además es mi barrio, tanto como suyo, pero yo sé que soy más asidua de las farmacias que él. Me hubiese gustado preguntarle que había comprado, pero también estoy segura que capaz era algo que podría haber sido mas comprometedor al decirlo que unos genuinos caramelos dulces. 
Salí de nuevo sin suerte y empecé a caminar un poco sin rumbo o sino hacia mi casa, creo que ahí también puse una banda medio indie girlie country triste que me gusta. Me acorde que por 57 había una farmacia también linda y blanca pero un poco más chiquita, en una esquina. Pregunte si tenían caramelos y el chico me dijo que eran puramente de própoleo, al igual que en una de las primeras. Me animé a decirle que esos eran los feos, y se rió y me di cuenta a través de sus lentes de vendedor de farmacia que también lo admitió. 
Recordé que ahí fue la primera en que pregunte por pastillas anticonceptivas hace tres meses. Fui por impulso casi. Y ahora que compraba caramelos estaba terminando la ultima caja. Eso me hace pensar si quiero dejarlas, pero si las dejo debería cortar con otras cosas también que me queda un 10% saber si quiero cortar, así que por las dudas creo que voy a tomar la cajita que me queda para el mes siguiente. Por el “sexo esporádico” dijo mi ginecóloga que es re linda y es una de las razones por las cuales no me da cosa ser mujer y crecer. 
 Entonces caminé por calle 6 hasta esa farmacia oscura, cuyas paredes imagino son entre verde y negro de tan poco vistosa que es. No se si hasta tenga olor medio feo. Puede ser. Ahí me puse una o dos vacunas una vez hace tres años, y después de eso –y por eso- pensé que me había agarrado SIDA. Estuve como cuatro días pensando en el sida. Supongo que porque fue una aplicación un tanto improvisada, ya que no conocía al lugar ni al médico. Se me ocurrió también porque el enfermero que me las puso me vio un par de veces después y no me saludó. Pensé que era raro que no se acordara de mí, porque yo sí me acuerdo de él. Y no son excusas el que él tenga clientes todos los días y vea cientos de caras nuevas, yo también veo gente en la calle todos los días. Y encima había ido a esa farmacia muchas veces ya. 
Esa noche me dolía como el culo por la inyección y me tire boca abajo en la cama porque me lo merecía y llame a mi papá y le empece a hablar de la industria farmacéutica y Zeitgeist y la conspiranoia toda. Bueno igual yo estaba resfriada y los caramelos... En esa farmacia también, lo intuí. Me pareció visualizar ese box transparente que se divide en cajitas donde ves los caramelos curativos de colores. Entré y estaba esa vendedora, la que tiene gusto a nada, a la que ni siquiera se le ven los ojos ni tiene ningún cantito en la voz cuando te dice el precio de las cosas. A su izquierda, estaban acomodados los que yo había ido a buscar. Habían de nueve o doce tipos diferentes. Suficiente para mí. Me tomé el tiempo para leer cada descripción y los elegí uno por uno, a mi gusto y color. Tenía algo para decir que ya dije: a los caramelos de propóleo los venden en las farmacias más tristes. 
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yoledigorosado · 7 years ago
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‘Nuestro amor’ tuits (Pensar al amor desde la casa).
Nuestro amor es como una toallita de tela en una bombacha estirada. Nuestro amor es un pancho con pan flauta #meconformo. Nuestro amor es un sillón en que sólo cabe uno. Nuestro amor es escarbadientes porque no alcanza para el hilo dental. Nuestro amor es el pan lactal del inicio y del final. Los del medio son los otros pares de amores. Nuestro amor son las llamadas perdidas al teléfono que no contestás. Nuestro amor es el control del Split con las pilas gastadas en una noche de frío. Nuestro amor es la humedad debajo de las macetas pesadas e inamovibles. Nuestro amor es papel higiénico Campanita hoja simple. Nuestro amor es una cama marinera con carrito y yo duermo en el colchón de abajo. Nuestro amor son las botellitas vencidas de shampoo y espuma de baño de hoteles y sanatorios. Nuestro amor es el hidromasaje de casa que nunca usé ni puedo usar. Mi amor por vos es una Curita vieja en el fondo de la mochila. Nuestro amor es como usar toallitas de tela: serás vegano pero seguís siendo una verga. Nuestro amor es la eficacia del OFF. Nuestro amor es un Carrefour Express: está re sexy y bueno, pero falta el 80% de todas las otras cosas buenas y necesarias. Nuestro amor es McDonald’s. Habrán Mostaza, Carne, Burguer King, Mi Barrio, las hamburguesas del Sheraton, pero McDonald’s es McDonald’s. Nuestro amor es McDonald’s del Obelisco. LO VAN A ROMPER TODO HAGAN ALGO. Nuestro amor es un par de medias que van a separarse en un proceso de lavado. (No nos preocupemos, cuando sea el momento nos vamos a volver a juntar).
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yoledigorosado · 7 years ago
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estado
el estado más divertido?
dos días seguidos de insomnio; dormir 5 horas:
Desinhibición.
Verborrágico.
Mental.
Pesado.
Práctico.
Inestable.
Emocional.
Emprendedor.
Manija.
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