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Siddhartha
Supe desde el principio, desde que abrí su primera hoja y me miró a los ojos y me dijo con ternura “En la montaña vivía alguien como tu” que estaba apunto de morir.
A sabiendas que todo terminaría continué.
Seguí la marcha entre Brahmanes y Samanas, entre árboles de mangos y ríos turbulentos mirando mi pasado como estrella, allá lejos, sin calor ni movimiento y el hambre y el sueño y el dolor simples como el respiro o la muerte.
Aún y frente a labios de higos, con la tormenta levantando la selva y el frío llenándose de noche, no me detuve.
Apreté los muslos, los dientes, las raíces, a sabiendas que volaría por los aires y que el torbellino me desgarraría.
Continué entre cañadas y casas taladradas en el cerro, entre veredas espinadas, caras de amigos y extraños, todos en fila, mirándome continuar, rasgándome los cortes en mi espalda, abriendo las llagas de mis piernas, todos en fila exhalando cantera y sal.
Subí por la senda, piedras y semillas contra pies, humo y lágrimas, todas en fila silbando mientras daba el último paso, mientras la montaña se hacía arroyo y el arroyo pradera luminosa. Ahí, con el sol saliendo como estrella del norte, amando por completo el dolor, con ojos llamando a la muerte, sentí el relámpago.
Mi cuerpo, ya no cuerpo ni alma, se convirtió en hijos y reyes, en hijas y reinas, en lagartos, manatíes y águilas, en libros, palabras e ideas. Se movía de un lado a otro tomando la cara de mi padre, mi abuelo y dios, los brazos de mi madre, la tierra y el sol. Ahí sobre la pradera luminosa, me vi, como presentes posibles y futuros alcanzables como cielos e infiernos, como bálsamos o tortura, como el principio o el fin, como yo y otro como otro y yo.
Terminé la última hoja, “En la montaña vivía alguien como tu” decía tenue, en secreto, solo para mi, para todos los yo y todos los otros que soy. La muerte frente a todos mis ojos, frente a todos mis presentes posibles y todos mis futuros alcanzables, todos en fila muriendo todo el tiempo y dentro, sobre la pradera luminosa, me vi sonreír.
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Tártaro
Sale sangre de la montaña se derrama por el costado bajando hasta sus faldas llenando las casas invasoras y las calles de tierra.
¿Qué será del pueblo que mata sus montañas?
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Crisis clase mediera.
“9 a 6″
digo suave
“9 a 6″
lo digo viendo el reloj en la pared que no es pared ni umbral del baño lo digo con dolor de cabeza en lunes a las 4:17 de la tarde
“9 a 6″
se me escapa cuando cambia a 18 cuando suena el teléfono y es Aida otra vez que no entiende el sistema y pide más producto no es la primera ni la segunda ni la tercera ni cuarta capacitación
“9 a 6″
escribo sin querer en mi libreta en los reportes y las juntas en los pintarrones y los exceles
“9 a 6″
de la mañana a la noche sin horas dobles ni fondo de ahorro.
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Heráclito
Silba el viento fresco e imparable dulce y tierno
Silba como nunca Silba como siempre
Me envuelve, llamándome a los cerros a los árboles a las veredas imposibles al rugir de tu cabello.
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Lilium.
Para Vero y Enrique.
Un pulso emanando desde el océano, desde una cuna de carne y hueso. Frágil, casi imperceptible, retumba con lentitud.
Un pulso que es promesa, que es viento del norte. Un cúmulo de polvo cósmico latiendo surcando olas y mareas.
Un pulso que convierte la espuma en sonrisas y los faros en ojos y las velas doradas, de aquellos buques, a ilusiones de dos para uno más.
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Hefesto.
La calle arde veo su humo, sus huesos, veo a sus personas aullando, evadiendo a sus perros como miradas de un auto al otro.
Huelo su azufre, su sal en las esquinas en las estátuas: Su aliento volcánico yendo de un abarrote a otro como minas en combustión.
Los veo, a todos. Veo como arden sobre la calle veo como salivan ante el volcán veo sus miradas de un auto a otro como se evaden como perros buscando abarrotes de una esquina a otra.
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Jazmines de mi patio.
Espero a que florezca el jazmín de mi patio espero su aroma, sus pétalos blancos, sus amaneceres llenos de fragancia.
Espero, como el jazmín, a llenarme de sol espero a mi espalda a sus poros crecer pétalos blancos a amanecer con su aroma y llenar su fragancia de mi ojos.
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Decimos lo que decimos para que la muerte no tenga la última palabra. ¿Pero tendrá la muerte el último silencio? Hay que decir también el silencio.
Fragmento de Decimos lo que decimos… (Poesía vertical XIII - 73) por Roberto Juarroz (via denisesoyletras)
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Hogueras.
Escucho, como la costumbre manda, el lamento de un violín sus miedos y sus manos cubriendo un rostro sus escalas dibujando una ciudad sus murallas de cristal sus motes de lágrimas sus intenciones de salir y cabalgar eclipsados por el sol por el lodo y las trincheras.
Escucho, como una letanía, el funeral en arpeggios de un castillo entre montañas de una doncella ante las llamas el funeral de profetas y ateos compañeros de la estaca del fuego.
Escucho, como canción de cuna, la despedida de una voz de sus notas al aire contra el viento y la lluvia alzando los brazos contra dios y el hombre para llorar por última vez ante el coro de los ángeles.
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Midnight smoke turned 5 today!
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Monterrey
Arden, como lo hizo el Somme en el 16, y después Varsovia en el 39, los caminos, y los montes que llevan a la Sierra Madre Occidental.
Desde la boca del valle hasta las uñas de Catarina se ve el humo, y las chispas, dibujar la Guernica regiomontana.
Se escuchan alaridos recordando la muerte de Adán Elizondo, último caballero de la Orden de San Gregorio, último en ver el sol decir adiós último antes de que los retoños levantaran un templo a Mictlán.
Ahí donde los apellidos y las casas y los autos respondían a los cementerios yacía la silla llena de polvo ausente de su jinete de su viento de su industria. Dueña ahora del óxido perenne y las migajas de cristal que adornaban sus calzadas de plástico y sus cadenas de oro. Las cunas que mecían detienen su ir y venir para abrir los brazos donde la creatura que caminaba a Belén erige su obelisco en la Macroplaza.
Cae la madrugada al ritmo de aullidos que danzan en los caudales de lágrimas y así, con tempestuosa despedida desaparece en la distancia la fantasma ciudad de Monterrey.
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El ocaso de los ídolos.
Hasta hace poco entendí que cuando papá se fue la parte más inocente de mi pensamiento también también se despidió ese verano.
Entendí, que mamá y papá podían existir en diferentes mundos, en diferentes hemisferios, que así como se dijeron te amo ahora se decían adiós.
Entendí que la felicidad es una palabra dinámica, caprichosa, llena de contingencias y de significados diversos donde la de uno no es la del otro.
Entendí la fragilidad del hombre: de un hombre, que de un zarpazo, no inocente pero si ingenuo, se pintó el rostro de distancia y llenó, por primera vez en mi memoria, de incertidumbre a los que lo vimos empacar y salir de la casa.
Entendí la devastación que las palabras erróneas provocan en una mujer en veinticuatro años de proyectos y trayectos. 5 palabras “Ya” “No” “Me” “Haces” “Feliz” Para 5 personas que en ese momento nos quedamos con un par de camisas y una par de zapatos, como una tumba viviente, de quién algún día se hizo llamar mi papá.
Entendí, finalmente, que “papá” “mamá” y “familia” son mucho más que sangre mucho más que tiempo en convivio o dinero invertido entendí, para liberarme al fin del rencor y miedo, que son títulos superhumanos que son una validación del amor y que cómo el amor, se ganan y se pierden.
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Pues. A los pocos followers que tengo activos en mi Tumblr, les presento mi video hablando de... pues... cosas jajajaja enjoy.
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Condición.
Si pudiera pedir cualquier cosa, pediría que fueras feliz: que tus sueños se cumplan, que cada vez que levantes tus ojos al cielo lo veas despejado y lleno de esperanza, que tus manos no pierdan la firmeza, que tus pies no se cansen, que tus palabras broten de tu alma y tus actos del corazón.
Pediría eso.
Eso y una cosa más: que seas feliz y que desaparezcas de mi vida que te vayas para siempre, que tu imagen no incomode mi memoria, que tu rostro se lave de las calles y parques y comidas y filmes y canciones, que desaparezcas para siempre de mis suspiros, de mi sombra y sus labios, ojos y sueños de mi camino y sus manos, piernas y destino de mis actos y su corazón, alma y futuro.
Quiero que seas feliz pero que me dejes en paz.
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Insane.
“Escucha,”
me digo en voz baja tratando de ahuyentar el silencio
“No desesperes el trayecto, No descanses los brazos sobre cenizas, No te detengas, como dijo el uruguayo, al borde del camino, no te despojes de los sueños tan rápido no te arrebates los párpados con el primer bostezo no te sientas ni por un segundo, solo, abandonado, trágico y sin remedio. No compres delirios gratuitos ni fantasmas necios , No bebas del futuro alegrías venideras ni cataclismos inminentes pues nada es certero en este mundo. No te acorrales en lo profundo de otros brazos ni en lo alto de otros ojos. No llores, por favor no llores, no dejes escurrir las lágrimas por una despedida, por un atardecer por favor no llores en vano”.
“Mejor... alégrate”
me digo, una vez más, esperando que funcione
“Alégrate de los días, de los caminos que nacen de tus pies de la certidumbre del momento, de que hoy es todo lo que existe, de las hazañas del pasado de cada mérito silencioso que descansa en tu memoria. Alégrate de tus manos, de su poder humano para crear dioses, de los lazos que te cuidan de las sonrisas que te esperan de todos los sueños de los que formas parte. Alégrate de sentir, de vibrar con la música y el viento de sonrojarse al ver y escuchar de fotografiar el universo con cada cicatriz de construir el cielo todos los días. Alégrate, por favor alégrate, que todo lo eres y todo lo tienes”.
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