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today im thinking about the huge buff bread guy from kikis delivery service. highly underrated guy
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Stiles + Eye Rolls (requested by @eyes-are-open-all-i-see-is-red)
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My way of talking is not tecnical, my way of talking is not complicated. I talk very clear, I talk like i talk, that's it. It's not hard to understand, it's not messy and it's not overwhelming. And if you have a problem to understand me then YOU have a problem. Not me. Because I, in any case, do not intend to sound any fucking more intelligent than you. I'm just talking, like I know. So fuck you. Fuck every single one of you. I think that was pretty clear.
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REBLOG IF YOU ARE A WRITER ON TUMBLR
IT DOES NOT MATTER WHAT KIND OF WRITER YOU ARE YOU CAN BE WRITING: POEMS, FANFICS, IDK NORMAL FICS, NOVELS, SHORT STORIES, IDK ANYTHING!! JUST REBLOG!!!
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Chocolate
Allí estaba, de nuevo frente a mí, como si nada hubiera ocurrido, cinco años después. Al ver su preciosa melena morena, suelta al viento y cayendo sobre sus hombros con gracia, no pude sino recordar como trenzaba su pelo antes de acompañarla cada mañana al colegio. Y como ella refunfuñaba sin parar. "¡Aprieta mucho!", "está muy floja", "no me gusta", "¡los niños me tiran de ella, papá!". A ella siempre le había gustado llevar el pelo así, al aire, sin recoger y sin extravagancias. Y a mí, si he de ser sincero, también. Me encantaba verla correr por el campo con los niños y que los mechones volasen con libertad mientras extendía los brazos como si pensase que podía volar. Lamentablemente, al director de la escuela donde tanto trabajo me costaba que fuese no compartía esta pequeña opinión familiar. Decía que si quería que mi hija fuese a sus clases, debía ir arreglada, con el pelo recogido, a ser posible en un moño, como una mujer educada, no como una salvaje. Por desgracia, en el mundo aun persiste mucha gente que no quiere ver al resto volar. Y no tuve más remedio que ceder. Al principio, al pie de la letra, con un moño sencillo. Pero ella lo odiaba. Siempre intentaba deshacérselo, y lloraba al verse reflejada con él. Un día la encontré intentando cortarse el pelo a mechones con un cuchillo para que no pudiese recogérselo. Tendría unos diez años por aquel entonces. Recuerdo como lloraba al contarme que no le gustaba, que se sentía mal al no notar su pelo caer, "como si no estuviese ahí" me decía. Así que finalmente tomé la decisión de recogérselo en una trenza. Y aun que no le gustaba, podía vivir con ello. Es triste existir en una sociedad donde se te obliga a ser conformista para sobrevivir.
Me miró con esos profundos ojos verdes que Dios tuvo la gracia de darle y, frunciendo los anchos labios rosados que heredó de su madre, empezó a escudriñarme con la mirada. No sé si planeaba buscar las palabras adecuadas o si simplemente, tras cinco años separados, mi rostro había cambiado tanto para ella que ya no me reconocía en él. -¿Quieres pasar?- fue todo lo que acerté a decir, retirándome del umbral de la puerta. Ella asintió, aceptando mi oferta e introduciéndose en la que, hasta que se marcho, había sido su casa, con la misma fuerza de independencia que siempre había tenido. Más de una vez me había dicho su tía que "sentía lastima por el pobre diablo que se casase con ella y pretendiese mandar en su casa", con cierto humor, pero también con cierto reproche. Como si mi trabajo como padre fuese el de convertirla en una persona sumisa, pasiva y manipulable. Todos me lo han hecho saber en un momento u otro de su vida: cuando se metía en líos o peleas, cuando participaba en los juegos con sus amigos y cuando no aceptaba órdenes de quien no debía aceptarlas. Y todas y cada una de esas veces les hice ver claramente que si eso era lo que ellos consideraban "fallar como padre", no podía estar más orgulloso de fallar de manera tan impecable.
La acompañé hasta el salón, separados por un silencio sepulcral e incómodo. Finalmente, tras llegar a la pequeña habitación, la invité a sentarse y le ofrecí algo de beber. Sin necesidad de que ella me dijese lo que quería me dirigí a la cocina y comencé a preparárselo. Chocolate. Jamás lograré entender de donde le viene su afición por semejante porquería, ni a su madre ni a mí nos enamoró nunca dicha bebida. Sin embargo ella no podía parar de beberlo siempre que tenía una oportunidad. Y aunque yo no se lo permitía en exceso durante su niñez finalmente cedí y la dejé tomar tanto como ella quisiera. Nunca ha faltado en mi casa chocolate desde entonces. Ni si quiera tras que ella se marchase. Lo compraba con la ilusión de que, si algún día regresaba, encontrase que aquella seguía siendo, y jamás dejaría de ser, su casa. Y cuando estaba cerca a estropearse lo preparaba y se lo regalaba a los niños del pueblo. No era un gesto puramente altruista, tras prepararlo toda la casa olía a ello. Y dicho olor parecía transportarme a aquellos años cuando ella corría por los pasillos, con la taza entre sus manos. Me molestaba tanto oírla dando vueltas, me distraía de escribir mi columna o leer el periódico o alguna novela. Y ahora, sin embargo, lo añoro enormemente.
Llegue al salón con una taza de una infusión para mí y una de chocolate para ella. La encontré ojeando un cuaderno donde de vez en cuando escribía, y dejándolo de nuevo sobre la mesa cogió la taza de mis manos con gratitud. -¿Te gusta?- pregunté tras sentarme. -¿El chocolate? Aun no lo he probado, está demasiado caliente- me contestó, dejando la taza al lado del cuaderno. -No, me refiero a eso- dije señalando con la mirada el cuaderno- Lo que has leído. -Los versos demasiado histriónicos para tu carácter y la breve prosa muy poco periodística para como solías escribir- contestó, como si lo hubiese pensado detenidamente. -¿Histriónicos?- pregunté enarcando una ceja. -Si; teatral, afectado. -Sé lo que significa histriónico. Lo que me llama la atención es que hayas elegido esa palabra. -¿Por qué? Es una palabra en auge- así era ella, podía discutir contigo por cualquier tema. -Nunca te gustaron demasiado las modas- me recordaba a aquellas largas charlas que solíamos tener durante prácticamente toda la tarde. -No. Nunca me gustó seguirlas porque a ti no te gustaban. Pero durante estos años he aprendido que las modas no son siempre algo malo. En los países anglosajones, han surgido distintos movimientos que no me importaría seguir. -¿Anglosajones? -Otra palabra en auge, desde su reciente aceptación por las academias. Hablo de esas mujeres inglesas que se levantan por su libertad. -Parece que el siglo se acaba y va a venir cargado de palabras- dije intentando cortar un poco la tensión de nuestra conversación, pero ante el rostro hierático de mi hija, preferí continuar- En cualquier caso, no creo que dichas mujeres estén siguiendo una moda, creo que es un síntoma de que la sociedad avanza. O al menos espero que lo sea. -En fin- fue toda la respuesta que recibí. Y el silenció volvió a llenar aquella modesta habitación.
Tuve que criar a mi hija yo solo. Su madre murió en el parto. Su abuelo materno poco antes de aquello y mis padres tiempo atrás. De ellos yo había heredado una tienda, que finalmente tuve que vender a mi hermana poco antes de nacer mi hija. Y así tuve que mantener una casa y a dos personas: mi hija y su abuela. Poco antes de que mi hija se marchase de casa falleció su abuela. Siempre pensé, o intenté convencerme, de que fue su pérdida lo que la hizo desaparecer, aunque nunca pude evitar auto culparme por ello. Mi hermana siempre trató de ayudarme como pudo, a pesar de las diferencias entre su marido y yo. Pero a pesar de ello me costaba mantener el nivel de vida que siempre había tenido. Renuncié a todo para dárselo a mi hija. Para que estudiase y para que no dependiese de nadie. Para que a pesar de todo, ella pudiese vivir como yo solía hacerlo, o incluso mejor. Pero llegado el momento no pude pagarle los estudios de una titulación, tal y como siempre había querido. Ni para ser maestra. A pesar de ello, ella era capaz de mantener conversaciones y de entender cosas que ninguno de los niños ricos que envían a la universidad cerca de la capital sería capaz de mantener o entender.
-Supongo que sabrás que no he venido aquí a hablar de literatura, Félix. No era la primera vez que me llamaba por mi nombre, pero si la primera que lo hacía con una voz tan fría. Me dolió casi más de lo que cualquier insulto podría haberlo hecho. Uno no elige su nombre, de poder hacerlo probablemente yo no me habría bautizado con un nombre que refleje tan poco mi realidad. Normalmente uno elige el nombre de sus hijos. Aunque, por suerte o por desgracia, este tampoco fue mi caso. A mi hija la bautizó su abuela, sin tener yo voz ni voto en dicha decisión. "Carla" decidió para ella, en honor, según solía decir, al "rey legitimo de España". Y a pesar de todo, yo no podría haber elegido ninguno mejor. "Mujer fuerte", significa. Cuando me enteré de ello me inundó la alegría de saber que el nombre de mi hija casaba mejor que ningún otro con ella.
-¿De qué has venido a hablarme?- pregunté tras un sorbo de mi infusión. -¿Sabes por qué me fui de casa?- me dijo ella como respuesta, con la mirada clavada en mí. Yo negué, sacudiendo la cabeza en silencio- Poco antes de que la abuela falleciese me contó la historia de como había sido concebida- continuó, haciendo una pequeña pausa, como insegura de como continuar- Al principio, como comprenderás no podía creerlo. Hasta que hable con el padre de la parroquia, quien me confirmo todo lo que la abuela me había dicho. Yo observaba en silencio. Jamás habría esperado que ese fuese el motivo. Nunca pensé que ella llegaría a enterarse. -¿Es verdad lo que me contaron? -¿Has tardado cinco años en venir a preguntármelo?- le conteste, intentando ganar tiempo. -Responde. -Sí- me decidí a decir. -¿Violaste a mamá?- insistió, con frialdad en sus palabras. -Sí. -Mentira- pronunció con decepción. -¿Mentira? No. Es verdad. ¿Si piensas que es mentira por qué te marchaste?- estaba confundido por cómo se estaba desarrollando aquella conversación. -Porque cuando me marche no lo sabía, pero ahora sí. -¿Y qué fue lo que pasó entonces?- permanecí a la defensiva. -No lo sé. Necesito que tú me lo expliques, papá. Por eso he vuelto- respondió ella, con cierto tono de ruego en su voz. La situación, en un momento, había cambiado drásticamente. Ahora era yo quien mantenía una postura fría, distante, mientras que mi hija transmitía todo lo contrario. ¿Qué debía hacer? ¿Contarle la verdad o permanecer en aquella mentira tan cómoda que durante años había sido mi vida? De haber sido cualquier otra persona, la respuesta estaría clara, pero tratándose de ella, de su origen, no podía negarle esa información.
-Es cierto, Carla, no violé a tu madre. De hecho, ni si quiera eres hija mía. -¡No! Eso es lo único que no pienso permitirte. Sé que fue otro hombre quien dejo embarazada a mamá, pero tú eres mi padre. Y no pienso ceder en esto- me interrumpió ella. -De acuerdo- continué, tratando de mantener la compostura. Durante años me había atemorizado la idea de que, al saber la verdad, renegaría de mí. Y ahora, al ver su respuesta, me invadió un calor de felicidad impropio para la situación en la que me encontraba- Cuando tu madre se quedó embarazada y al estar nosotros prometidos, dijo que había sido de mí. Yo lo negué en numerosas ocasiones, ya que yo jamás había mantenido relaciones de ese tipo con tu madre. Por ello tu madre mintió y dijo que el único motivo por el que yo lo negaba es porque ella no había querido que aquello sucediese y que yo, en numerosas ocasiones la amenacé con romper nuestro compromiso si no cedía. La gente, finalmente se lo creyó. Que eres hija mía, quiero decir- me devolvió una mirada de reproche al expresarlo de aquella manera- no el que yo hubiese violado a tu madre. La gente consideraba que aquello no era cierto, que ella también había querido y, en fin, que era tanto culpa mía, como suya. Salvo por tu abuela, ella fue la única que creyó a tu madre desde el principio hasta el final. Eso fue lo que sucedió. -Pero no lo entiendo. ¿Por qué te engañó mamá? ¿Si quería mantener relaciones porque no las mantuvo contigo? ¿Por qué no dijo la verdad y se casó con el hombre que la dejó embarazada?- sabía que cuanto más le explicase más dudas le surgirían. Su mente inquieta tenía que comprenderlo todo o no estaría tranquila. -Tu madre trató de tener relaciones conmigo, pero yo nunca quise. Y no sé, sinceramente, por qué. Nunca llegué a conocer a quien la dejó embarazada, así que no sé los motivos. -¿Por qué nunca quisiste? No te ofendas, papá, pero nunca me has parecido el tipo de persona que basa su vida en las normas eclesiásticas. -Simplemente porque tu madre no me gustaba- contesté con sobriedad. -¿Y por qué ibas a casarte con ella entonces? -Por conveniencia. -No entiendo... -Por aquel entonces un amigo mío había sido asesinado y yo pensaba que corría peligro de acabar igual. Por ello busqué a una mujer con quien casarme y encontré a tu madre. Su padre había muerto hacía relativamente poco tiempo y su madre quería emparejarla cuanto antes para que alguien las mantuviese a ambas. No es que yo haya sido nunca una persona acomodada, pero con el dinero de la tienda que heredé de mis padres podía permitirme mantener a ambas. Todos ganábamos, así que me decidí y pedí su mano. -Sigo sin entender. ¿Por que corrías peligro de ser asesinado? ¿Y cómo un matrimonio con mamá podría ayudarte en ello?- había llegado el momento. -Mi amigo fue asesinado por sodomita. Tras soltar aquella frase lapidaria mi hija no dijo nada más. Se quedo allí, boquiabierta y en silencio, mirándome fijamente. -Por ello me prometí con tu madre. Ella, supongo que al no sentirse deseada, buscó un amante, de quien acabó quedándose embarazada. Entonces me acusó a mí, supongo también que para intentar que su imagen no quedase demasiado manchada. Yo rompí nuestro compromiso. Poco antes de que tu nacieses vendí la tienda a mi hermana, ya que los hombres no dejaban a sus mujeres acercarse a mí por mi recién adquirida fama de don Juan. Al menos la coartada que estaba buscando sí salió bien. Después naciste tú y tu madre murió dándote a luz y a pesar del odio que me tenia tu abuela por lo que supuestamente le hice a su hija, me insistió para que me hiciese cargo de ti y de ella. Y comprendiendo que tú no tenias la culpa de nada de aquello y que si tu padre autentico no había dado ninguna señal de vida aun probablemente no lo haría nunca, decidí reconocerte y acogeros a ambas.
Por fin había contado la verdad que llevaba años ocultando. Y al principio sentí una breve punzada de desahogo, como si hubiese arrojado un gran peso que cargaba en la espalda. Pero tras unos momentos el aire de la habitación pareció volverse denso. Me ardían las sienes y la mirada de mi hija me atravesaba de lado a lado como una lanza al rojo vivo. Mi mundo entero podía desmoronarse en un solo momento. Pero tenía que tratar de vivir mi verdad. O por lo menos intentarlo.
Mi hija se levantó de la silla y se acercó hasta la mía, parándose frente a mí. Yo, como por acto reflejo, me levanté lentamente hasta ponerme a su altura. Esperando cualquier tipo de respuesta negativa. Un guantazo, un empujón, un insulto o incluso un escupitajo. Una vez más, me equivoque. Mi hija me recogió entre sus brazos, apretándome con fuerza. Yo, le devolví el abrazó como pude ante mi sorpresa y una pequeña lágrima se resbaló por mi mejilla.
-Siento haberme marchado, papá- fue todo lo que me dijo tras separarse. -No pasa nada- contesté enjugándome con una manga- Pero dime, ¿por qué has vuelto? -Hace una semana me encontré con Pedro, el panadero. Me contó que había enviudado recientemente y que necesitaba contarme la verdad. Me explicó que mantuvo relaciones con mamá cuando estabais prometidos, pero que cuando se quedó embarazada no pudo reconocerme como suya porque estaba casado. Que forzó a mamá a mentir acerca de la violación y que fue él quien decidió que debería culparte a ti. Que su hermano, Jacinto, murió por tu culpa y que lo merecías. Y finalmente me suplicó que le perdonase. -¿Y lo hiciste?- pregunté con un nudo en la garganta. -Por supuesto que no. Ni lo haré jamás.
Volvió a abrazarme y al tenerla entre mis brazos mi vida volvió a saber como aquellos años en los que fui feliz. Cuando corría libre por el campo de la mano de Jacinto, con el aire golpeándonos en la cara. Cuando Carla corría por los pasillos de casa, con la taza caliente entre sus manos, salpicando allí por donde pasaba. Cuando sentía que podía volar. Mi vida volvía a saber de aquella forma tan particular. Mi vida volvía a saber a chocolate.
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Venga, ¡levántate! Tienes que seguir caminando. Seguir adelante. No hay cómo ni porqué, solo un continuo avanzar. No hay motivos ni razones, no hay caminos ni señales, solo la incesante necesidad de no parar. Atraviesa el infierno con la cabeza bien alta, que nadie vea cuanto quema. Nada en un iceberg, sin que nadie note el frió que te hiela la sangre. Continua hasta que no puedas más. Y cuando se te acaben las fuerzas, cuando tus pies sean incapaces de dar un paso más y te derrumbes sobre el suelo, levántate. Levántate y sigue.
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those videos where guys just stare into the camera, gently rub their chins and slightly change their head angles while licking/biting their lips? nothing makes me more uncomfortable
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it is 2:36 in the morning on a wednesday night and i am drunk again suddenly the world doesn’t seem so bleak anymore i raise my glass to better tomorrows the drink burns like the worst kind of rejection in the back of my throat but i smile because i am used to the feeling (the burn is new though) the clock reads 3:03 AM and i start to sway with the weight of the world on my shoulders i throw back my 5th or 8th, no, 13th shot (dionysus would be proud. atlas would not.) at 5:47, the memories of the night leave me in the worst way possible and my arms shake under the burden they have to hold up (i am starting to think the world is easier to carry than the weight of my sins) i crave another shot by 8:00 AM. it is 2:36 in the morning on a thursday night and i am drunk again
dionysus would be proud. i am not. // s.z. (via sprsoldier)
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