Text
Imagen: Naturaleza
Una niña que acompaña a tres hombres de caza. La niña es de naturaleza sensible. Están escondidos tras los arbustos, vigilando. Aguardan. Se escucha un disparo. Un corzo hembra cae al suelo: la bala dio justo en el corazón. Los dos hombres felicitan al que disparó la escopeta. La niña se acerca con los brazos a los costados, el vestido azul celeste le ondea. Se para frente al animalillo que sigue respirando y que la mira con su enorme ojo negro que parece canica. La niña siente compasión. Parece que el corzo tiene miedo. Todas las criaturas sienten miedo a morir, pero no hay nada que puedan hacer en contra de ello. Entonces la niña entiende que sólo había querido ir para saber qué es lo que se siente cuando ves a alguien morir. Peor aún, para sentir lo que se siente cuando ves agonizando a alguien que ha sido dañado por otro. El corzo cierra los ojos de pronto y la respiración se detiene. Ella no puede hacer nada, aunque quisiera. Lo patea en las costillas. “¿Te duele?”, le grita. Se escuchan pasos acercándose, precipitados. Otro puntapié y el mismo grito desgarrado o el eco de éste. La niña se deja caer sobre el corzo. Su vestido se mancha de sangre. Le sopla en la nariz: el aliento de Dios. “Vuelve”, le susurra y le abraza. Los ojos cristalinos. Entonces una mano se posa en su hombro y la aparta de allí, del animal muerto que ya no siente. “Te dije que no la trajeras. Ella no entiende la muerte”. “Ni tú la vida”, responde.
0 notes
Text
Fui 2010.
Ladrones de ilusión
El sueño volvió a mí, nunca se fue; ya te lo había contado antes. Ojalá pudieras ayudarme a que no tema cerrar los ojos cuando anochece, cuando estoy solitario en la negrura y la única luz existente es la que irradia mi alma. Vi a lo lejos una esfera pequeña y poderosa, los cuatro elementos se unían en ella. No sabía cómo era posible, pero era tan increíble que no me importó. A veces la belleza no necesita descripciones cuando está frente a tus ojos. Llegó entonces un hombre con intriga en su mirada, detrás de él otros cuantos. Los malditos se acercaron demasiado, ¡demasiado! ¡Opacaron el delirio, la poca poesía perdida entre gris! Cuánto deseé golpearlos en la cara y hacer sangrar sus narices. Si los hubiese alcanzado, la esfera aún estaría intacta, pero no pude: su curiosidad y el deseo de averiguar lo desconocido eran inmensos. Extrajeron el contenido de aquella creación; la examinaron con microscopios; hicieron cálculos; apuntaron en cuadernillos; los dientes castañeaban y de vez en vez se llevaban las manos a la cabeza, confundidos. Lo único que hice fue ver cómo desintegraban algo hermoso, revelando sus misterios para satisfacer dudas siempre nacientes, nuevas, crecientes con el tiempo…
No malinterpretes mis palabras, sé que la ignorancia no conlleva a ninguna solución, pero tampoco la inteligencia. ¡Hay tantas cosas inservibles que se enseñan en las escuelas! El valor de un número impreso en boletas y el valor por ello de quienes lo obtienen, a cuestas de memorizar páginas invadidas de conceptos. Y es que la astucia vale más, desarrollar el lado creativo y analítico de las cosas, no simplemente aprender fórmulas o significados invariados. ¡Eso sí es estupidez!
Queda mucho por entender y descubrir, porque aún lo comprendido flaquea. El mundo no es tan complicado como parece y si lo es, es porque así se quiere. No es que las cosas sean difíciles; aún en todo lo complicado la simpleza va de la mano, pero el capricho es más grande y tienta como fruto prohibido. ¡Y ellos se preguntan por qué viven siempre infelices y frustrados! ¡Como si no lo supieran! Tal vez porque las ambiciones son demasiadas, porque queriendo volar se busca una manera aunque ello vaya en contra de su naturaleza, y si el sueño les parece imposible hacen aún más por conseguirlo, desilusionándose si no es logrado. La ciencia es en ocasiones tan inestable y los hombres queriendo hallar la verdad olvidan imaginar, soñar, porque la exactitud es creada en un vago intento por ser perfectos, aún cuando con errores ya lo son. Parecerá vanidad, pero si lo vieras de otra manera sería más sencillo explicarte, si tan sólo no pusieras palabras en mi boca…
Lanzan satélites al espacio, inician expediciones en otros mundos y expanden su poder a otros sitios, tierras pobres que muchos catalogarían de inferiores. ¡Y se sienten tan orgullosos! Nunca nada les será suficiente porque las incógnitas seguirán surgiendo. ¿No les basta “conquistar” este mundo e irlo matando, crueles y descarados? ¡Eso no es ser dios! Sus cabecillas están más huecas que un tronco podrido, aún mucho más que el vacío. Queriendo descifrar qué es el amor o el odio, que si una reacción química en las neuronas porque el corazón no siente, sólo bombea sangre; buscando un porqué inescrutable y no dándose cuenta que tales cosas no necesitan palabras para existir; aun sin ellas seguirían siendo lo mismo. A veces tener oídos, ojos y boca no quiere decir que hayan sido utilizados, porque el mundo no es para descuartizarlo, sino para vivirlo.
0 notes
Text
Más notas viejas
15 julio 2017. 6:25 pm.
¿Cómo lograr que entre la luz en un sitio que no tiene ventanas? La carencia. Creo que en realidad nunca he carecido de nada. Volveré siempre a ti como se vuelve a los lugares que nos dieron calma, y lo haré porque el amor siempre es más fuerte que cualquier tristeza. Fragmentos mal escritos. Fragmentos o resquicios soy. ¿Podré resistirlo? Lo estoy haciendo. Amar y dejar que me amen, sin acuerdos tácitos. Supongo que nos entendemos; en el fondo nos amamos y eso es lo fundamental. Éste es el acuerdo: estar bien por mí y luego por nosotros. Resanar las fracturas; es probable que no sean muchas. No vale la pena enlistarlas: vamos a quebrarnos todavía más y no por ello nos destruiremos. Aquí el sol llega como en punto de fuga y la tristeza se disipa: déjalo entrar y ve cómo te inunda.
La vida no es un esfuerzo cuando espíritu y cuerpo están en consonancia, como una línea recta, alineados. La espina dorsal contiene el Universo. Micro y macrocosmos. Ser uno con el tiempo y el espacio, entonces ser inmortal. “Podrías imaginarle siempre existiendo”. Arraigarse, sin embargo, no es lo mismo que enraizarse. Echar raíz, después de todo, es necesario. ¿Qué es en realidad la libertad? No es agotar todas las posibilidades, sino lograr que nuestras elecciones estén en correspondencia con nuestros deseos: que el cuerpo viva según las necesidades del espíritu. Recordar entonces que deseo no sólo es capricho. Repensar: ¿qué es lo fundamental y lo preciso?
0 notes
Photo









CAPTURAR EL VACÍO
Intento III
0 notes
Photo









CAPTURAR EL VACÍO
Intento I
0 notes
Photo





My Winter's Lullaby (La vida en la tierra) por Lady_ku Por Flickr: Fotos de Ciudad Victoria, Tamaulipas, tomadas del 28 al 31 de diciembre de 2016. A través de ellas intento reflejar la nostalgia de lo perdido, apreciar no sólo lo bello, sino también la degradación a la que estamos condenados mientras vivimos pues todo llega a un fin, y sin embargo, no por ello se vive menos, aunque duela. Nostalgia, soledad, olvido y abandono.
#Flickr#diariodeviaje#fotografía#Tamaulipas#Victoria#nostalgiazul#melancolía#soledad#abandono#olvido#existencia
0 notes
Text
Notas viejas: 25 septiembre 2016.
Mamá y papá me dan eso que creo no necesitar y sin lo cual, sin embargo, me sentiría en falta. Agradecer nunca está de más, pero sólo lo necesario, idealizar resulta peligroso o quizá, simplemente, demasiado.
Amo a papá y mamá pese a mis malas caras, mis malos días, mis reclamos y hasta groserías. Quizá por eso sea bueno explicitarlo, de vez en cuando, en palabras, pues en ocasiones realizamos algo que puede entenderse de distintas maneras, pero no en la que nosotros hubiéramos deseado o necesitado. El diálogo, después de todo o antes que nada, es fundamental en las relaciones humanas.
Me atormenta, sin embargo, la idea de que las cosas se hacen y no se dicen, porque al hacerlas se dicen solas, lo cual supongo es cierto, ¿pero hasta qué punto? ¿Qué tan transparentes pueden ser en realidad nuestras acciones cuando un cúmulo de factores y hasta prejuicios externos se entrometen e influyen? El problema de la identidad quizá sea por eso de los más complicados de resolver, lo que es más, ¿en algún momento llegamos a ser por entero “nosotros mismos” o sólo nos acercamos a ello, como a un esbozo?
A veces pienso que debería dejar de pensar tanto y me pregunto si todos los hombres se han enfrentado a estos pensamientos y dudas. Yo creo que sí, pero sólo las almas más “ociosas” lo llevan a este extremo. Pareciera que la gente se preocupa por otras cosas más relevantes como saciar sus necesidades básicas que por hacer introspección para intentar entenderse y así entender a los demás, para reflexionar en que, si bien existen muchas diferencias entre unos y otros y que abismos enteros nos separan, quizá exista algo más esencial que nos una y compartamos todos, algo fundamental que nos hiciera entendernos un poquito más y no odiarnos tanto o ignorarnos: el sufrimiento y la violencia, el deseo de ser queridos y relevantes en el mundo, aunque sea para una persona, ¿aunque sea para uno mismo? Difícilmente un hombre solo subsiste, y sin embargo, entre tantos hombres, es necesario seleccionar a quién quieres en tu vida, quién deseas te acompañe a lo largo de ella.
Por eso los lazos familiares son tan importantes en la infancia. El sentimiento de abandono de un niño huérfano debe ser algo muy cruel y difícil de superar, pero que no es “digno” de lástima. Creo en la actualidad que no debiera existir nada en el mundo ante lo cual sintamos lástima o compasión, porque los hombres, creamos o no en la divinidad, estamos todos rotos, y la vida -aunque tenga sus momentos gozosos- nos irá dañando más, porque sabremos que por más que queramos asirnos a algo, nada nos pertenece salvo nuestra existencia. ¿Y hemos de decaernos por ello? No. Pero sería infinitamente más sencillo si otros, en vez de ocultarse, tuvieran la confianza de mostrar sus heridas sabiendo que nada podría lastimarlos. El mundo, sin embargo, representa un ambiente hostil y jerárquico en el que pocas veces nos vemos como iguales.
Todo este juego de poderes y dominio me ha lastimado demasiado. ¿A otro más le ha pasado igual? Los adultos me dijeron siempre: “Así es el mundo y en algún momento entrarás al sistema”. ¿Ustedes también tenían estos sueños? De ser así, ¿dónde quedaron y por qué los tiraron? A veces creo que lo que hace falta es un poquito de Fe, pero la Humanidad y nosotros mismos muchas veces nos han -hemos- traicionado.
Me pregunté hace varios días si los románticos se habían equivocado al tomar al hombre como centro de mundo, a partir del cual podían mirar al mundo y sus habitantes. Quizá tomaron de los humanistas la idea de concebirse como dioses en la Tierra, pero creyeron en algo que ya no era Dios, sino el Arte, la Poesía y el Amor. El amor a sí mismos como un egoísmo positivo, en contra de toda la moral decimonónica. ¡Oh, mis románticos alemanes, cómo pude dudar de ustedes! Me da la impresión de que nunca buscaron un amor trágico, ni siquiera sensual, sino una vuelta a los orígenes, al reconocimiento de su dios interior. No querías a Lotte, Werther, sino algo que te diera fuerza y te impulsara a mejorar, porque ¿quién podría hacerlo solo en el mundo, andar por él y conservar así la Fe? Por eso el amor fue necesario, aunque no correspondido, aunque idealizado. Y cuando se cansaron de luchar, románticos vencidos, decadentistas, tuvieron entonces el odio y el hastío, asimismo la individualidad.
Desgraciadamente, y ya lo dijo Orwell, no hay muchos sentimientos que nos unan y nos hagan avanzar. El odio o un sufrimiento muy profundo sí, ¿y qué puedo hacer contra ello? Ya he dicho que de reconocer nuestras heridas quizá sería más sencillo todo, y así, ya no huiríamos de lo que nos lastima.
Me pregunto si hay un momento en que el umbral del dolor deja de crecer o si hay un punto en que de haber crecido tanto nos vuelve insensibles. ¿Justine fue insensible al dolor?
No quiero ser filántropa, si es que lo soy. No quiero sufrir de tal forma que eventualmente no pueda siquiera llorar. Tengo miedo de quedarme sin sentimientos, de vaciarme tanto... ¿es eso alcanzar la Iluminación? ¿Dejar de sufrir frente a los eventos de la existencia y sentir de pronto un profundo amor a todas las criaturas de la creación?
Tengo miedo, mucho miedo. Sé que en cierta forma estoy vacía, pero si me quedase sin emociones, ¿quién sería? ¿Cómo percibiría al mundo? ¿Esperaría algo de él?
0 notes
Text
Sentimiento religioso
Me gusta pensar que somos seres imperfectos y fragmentados porque en la incompletitud encuentro también absolución. Creo que hay algo más “arriba”, a lo cual ya no aspiro ni me duele no alcanzar. Ni el Humanismo ni Romanticismo nos arruinaron; si algo lo hizo, creo, fue la poca capacidad crítica con que fueron entendidas las vanguardias. Tanto Humanismo como Romanticismo buscaron retornar a los orígenes o, de menos, encontrar la fuerza interna que sustentara la vida humana. La esencial diferencia fue que uno tenía como base la religión y, sin embargo, ambos caminos -no exactamente de salvación- representan lo ateo; o quizá sean, en cambio, caminos mayormente religiosos en tanto buscaban la superación y trascendencia del hombre como ser solitario e individual. Es curiosa la mucha razón que tenía un profesor de universidad al decir que parecía que las corrientes artísticas iban fluctuando como en ápices y puntos de depresión. Ego o pérdida de ego. Creo en definitiva que conviene más conservarlo: yo ya no soy parte del Absoluto y, creerlo y aceptarlo no me hace una mala persona. Soy todo lo que desearía y puedo alcanzar lo que quiero y necesito por méritos propios. Dios sólo es la ilusión de certeza en un mundo caótico, pero confío en mí y eso debiera sostenerme y ha de hacerlo.
El sentimiento religioso nunca tuvo que ver con religión ni institución. No, nunca creí en la Iglesia ni en los santos. Si alguna vez creí y confié en la virtud sin mácula, hoy detesto su simple idea. Hay personas demasiado nobles en el mundo que no deben ser expuestas como corderos encadenados para que los lobos las devoren; y la culpa católica y cristiana es la cadena, así como la terrible idea del sacrificio por el bien común. Libros de cabecera: El manantial, de Ayn Rand, y Justine, de Sade.
No quiero estar ni vivir en la época de la mediocridad, y creo en ocasiones que yo podría ser el cambio.
8 notes
·
View notes
Text
Notas viejas: sobre el amor y el egoísmo.
24 noviembre 2016, 17:26 horas
El caracol, sin embargo, también se cansa de su concha y sale al exterior, vuelto una vulnerable babosa. ¿Buscará luego otro refugio? Tal vez, de tener protección, su promedio de vida aumente. Supongo que sí necesitamos una coraza, ¿pero qué tan ancha, qué tan impenetrable? Y protegernos: ¿de qué o quiénes? La vida funciona siempre así, entre depredadores y presas. Las relaciones de poder, ya he dicho, me asquean. Somos herramienta de todos y de nadie. Voy creyendo que en realidad pocas veces amaremos plenamente y seremos correspondidos de igual manera. En su mayoría llegaremos a una relación de aprecios dispares, pero el amor se sostiene en la separación, no en la unión y compañía continua. No podremos amar nunca a tantas personas; es probable que ni siquiera queramos hacerlo, porque pocos están (¿o estamos?) dispuestos a conocer el mundo interior de otro, o quizá ni siquiera interesados.
Voy aprendiendo todavía (¿a paso lento, pero seguro?) a reírme de mí y del mundo. Todos lo han dicho en algún momento: “No te tomes la vida tan en serio”, y recuerdo entonces a Freddie Mercury. El carnaval. La risa irónica. El humor ácido y corrosivo. Quizá por ello el trickster me parece un arquetipo tan encantador.
Tantos proyectos, tantos deseos. Es necesario terminar lo empezado. Concluir. La importancia de marcar un punto final. Y pese a ello pareciera que preferimos los puntos suspensivos porque amamos las posibilidades, porque casi todo es incertidumbre y sin embargo un continuum siempre cambiante, hasta que nos definimos y decidimos lo que queremos. Así ya nunca iremos en vaivén y los vientos del norte no podrán congelarnos ni derribarnos nunca.
Necesito soledad, necesito pensar (pero no de más). “Lo primero de todas las cosas es saber pertenecerse a uno mismo”, dijo Montaigne. Y yo he gritado tantas veces mediante mis personajes que quiero morir por un deseo.
Me estoy llenando de símbolos: la vida y mi época me los han ido dando. Sólo así puedo ir comprendiendo, y por eso escribo, y al hacerlo me reescribo a mí misma, analizo.
Tengo 23 años. Y ya no todo me parece tan fortuito. Mi signo de puntuación favorito en la actualidad es el punto y coma; me gusta el mise in abyme que provoca pues enlaza una idea con otra: es la sinapsis mental -desordenada y hermosa; es mi manera de pensar, como a través de hipervínculos en internet, ¿una forma creativa?-. Me cuesta mucho sistematizar la información. Parece que la almaceno y se queda demasiado tiempo en mi cabeza hasta que pasa algo y luego recuerdo algo que me hace sentido: cosas, frases y eventos de años pasados. No soy un ser ultraterreno que conoce realidades superiores. Creo en lo trascendente, pero no aspiro a ello. Hay siempre opciones hacia donde la existencia se decanta: veo la vida siempre en escalas graduales. ¿Lo sensato sería quedarse en el “justo medio”? Me cansa la prudencia o el miedo. Creo que sí busco la destrucción. Pero quiero la muerte, la muerte verdadera como Döblin. ¡Oh, Biberkopf!, qué desencanto terrible sufriste al creer de nuevo en el mundo, al darle una oportunidad, pero te mantuviste firme aún empujado por la circunstancia, te defendiste y, sin embargo, terminaste rindiéndote. ¿Olvidaste quizá que NO somos según nuestra circunstancia? Hay demasiadas presiones, pero tú no le debes nada a nadie. Recuerda a Roark y que, antes que a todos, te debes a ti mismo. Céntrate. No te sientas culpable, puedes equivocarte, pero céntrate. Nadie debe a un otro nada. Las promesas rotas hay que quemarlas. Si duele es por un ego inflado que cree puede ser humillado (¿eso es el orgullo?).
Un regalo no significa más que una muestra de aprecio para aquél que lo recibe. Hay que aprender a no hacer tanto caso a las normas sociales: a veces quien ama no recibe amor a cambio y está bien; pasa igual con los regalos. ¿Por qué querríamos ser importantes para todos? ¿Las normas sociales de convivencia son una manera de evitar el “sufrimiento” a través de las fechas festivas que nos recuerdan que somos alguien en el mundo? Qué patético es que a pesar de la repetición aún no aprendemos a decir Yo Soy. Es mejor definirnos por lo que hacemos: la acción es lo que nos posiciona y enraiza en el mundo; sólo debido a ella somos y podemos llegar a ser y hacer, porque como dijo Gide: “¡Hace uno tan poco!”, y eso es lo que lo lleva a actuar, incluso pese al miedo, como dice María Zaragoza. Y el miedo quizá es lo que nos hace humanos. El miedo como un mecanismo, quizá biológico, de defensa. Y enseguida el dolor. O al revés, porque si el hombre no sufriera, no temería.
#ensayos#diariodeviaje#amor#egoísmo#ideología#humanidad#sufrimiento#María Zaragoza#Alfred Döblin#Howard Roark#André Gide
1 note
·
View note
Text
Notas viejas. 12 noviembre 2016.
Somos más libres cuando estamos solos.
Vías de escapismo. ¿Por qué me duele de nuevo el corazón? ¿Por el rechazo? ¿Por el deseo de quererlo y que no me sea permitido? ¿Por las ganas de ir hasta su casa y decirle “hazme el amor”, sabiendo pese a todo que él no me podría querer? ¿Es entonces un capricho como lo señalé antes? Lo quería a él, o lo que él podía darme, ¿pero por qué él no quiso lo que yo podía darle, le parecí acaso tan molesta, tan diferente de él, tan poco constructiva o quizá sólo tan inexperta?
Quiero ir a tu casa, llamarte por celular y decirte que vayamos por un café, simplemente porque tu compañía me es grata, porque siento que puedo ser yo mientras estoy a tu lado, porque no tengo ganas de fingir, ¿pero y cómo me ves tú? ¿Como esa chica nerviosita a la que le gustas tanto, y a quien jamás podrás querer, porque eso sólo se sabe y no tiene explicación lógica, pero emocional, y a veces en cuestiones de juicios no podemos o desearíamos no poder apelar a lo sentimental? Se puede, sin embargo.
¿Qué se siente amar y ser amado? ¿Cómo funciona esa libertad de “estoy aquí, pero me gusta más cuando estoy contigo”, ese “Yo soy cuando estás Tú”?
Te odio por no estar, por decirme que no podías quererme, por aleccionarme, por ser sincero, por alejarte, por no permitirme ser, por decirme “no idealices”, por sentir que sin embargo idealicé y por no querer idealizarlo. Te odio por tu habla, pero sobre todo por tus silencios, te odio porque a veces creo que me extrañas y me odio por creer que sí lo haces, aunque quizá no te intereso. Odio de tu boca las señales. Odio creer que pudimos ser compatibles y no entender las diferencias que para ti parecían tan tangibles. Odio esperarte y saber que no vas a venir, porque de haber querido lo habrías hecho hace cuatro meses; el orgullo nunca es demasiado cuando amas, ¿y sin embargo significa perder la dignidad o humillarse?
¿He amado?
No quiero quedarme aquí llorando con las obsesiones que me dan vueltas en la cabeza. Callar la mente o entretenerla. Necesito un abrazo. Necesito volcarme en mí misma y recordar a Roark. El trabajo. Vías de escapismo o de búsqueda de sí mismo. Me molesta creer que conforme voy creciendo (y avanzando en la terapia) me voy entendiendo; hasta creo que estoy más confundida, y quiero actuar porque como dice Gide: “¡Hace uno tan poco!”. Actuar impulsivamente, violentamente, ¿en un intento de recordar y ser recordado? Y sin embargo, mesura, me dicen, paciencia.
No soy paciente. ¿Actúo por ello como loca? “Encuentra lo que amas y deja que te mate”, ¡yo también quiero morir por un deseo! Enfocar entonces las pasiones en inclinaciones y las inclinaciones llevarlas al estudio, al individualismo, no esperar nada de nadie, ¿y estar en paz? “Estamos solos, tome ello como premisa”. ¿Pero de qué sirve toda libertad, si estamos solos? Necesito compañía, alguien a quien querer y que me quiera, pero sobre todo alguien a quien querer, una certeza, algo estable, hay tantos abismos en todos lados, pero yo no quiero más sepulcros. Me dijiste que no te aventara toda mi mierda con frases como “¿qué hago con alguien que no quiere estar conmigo?”, y luego dijiste que se trataba de ti. ¿Entonces querías estar conmigo? Y de nuevo vuelve la ilusión que debo destruir.
Odio que me dijeras que yo no tenía nada de malo. Odio pensar en los egos fracturados. Odio los fantasmas que todos cargamos. Odio querer invitarte a tomar un café y odio no atreverme porque sé que si tú no vienes es porque en realidad no me quieres. ¿Y debería agradecerte por ser generoso y que no vengas a ilusionarme o más bien que no vengas para que yo me ilusione? Odio no comprenderte, no saber si tú te comprendes o siquiera si yo misma me comprendo.
Amar sí es una hazaña. Sí es muestra de generosidad y ceguera, el salto al abismo. “Si uno reflexiona no lo hace”, y pese a todo yo quise quererte, pero a veces lo que nos dan no es lo que necesitamos. Odio no comprender lo que necesitabas y que supieras o creyeras que no podía dártelo. Odio quererte cerca y que todo sea complicado, porque tú lo haces complicado. A todos nos duele algo; me pregunto si yo tengo mi mal identificado.
Círculos viciosos, todos estamos llenos de ellos. Zona de confort es la ceguera conocida, todo lo que está afuera es el abismo desconocido en que vamos a tientas si es que vamos. Toda prudencia también es una forma de preservarnos; ya me cansé: necesito buscar la muerte verdadera, todo lo demás es zona de confort. Al abismo vamos, irremediablemente. Odio que quienes me quieren crean que hacen bien con cuidarme cuando quizá yo misma quiero destruirme porque sé que de todas formas terminaré rota como todos, y ya no quiero vivir en una burbuja. Odio las supuestas muestras de generosidad cuando merman la capacidad de elección del “otro”.
Solamente no me quieres ni quieres quererme. No tendría por qué hacer tantos dramas.
Han vuelto las pesadillas.
Vías de escapismo.
¿Y finalmente reposo? ¿Cuándo?
0 notes
Text
Razones por las cuales odio ser emocional (o anécdota de mi inestabilidad)
Bebo una taza de café casi a mediodía porque la sensación de algo caliente pasando por mi garganta me relaja, me tranquiliza. Escucho música más o menos por lo mismo. Claro que tengo trabajo, mismo que no puedo realizar porque estoy distraída pensando (quizá sólo concentrándome demasiado) en mis dramas emocionales, no existenciales, lo cual es un progreso, ya ni sé.
Sé casi nada, salvo que en estos momentos deseo un abrazo, pero eso de ser needy no es algo bien visto; a estas alturas poco me importa. (Dramas emocionales, les digo, deseos de aventarse al hoyo y no salir, deseos de ya no esforzarse, sólo dejar que la vida ocurra, que siga su curso pero sin mí, que deje de doler lo que sea que está doliendo, decir “ya basta, estoy cansada” y tirarme al piso). Así que no, no pido un abrazo, me aferro a mi soledad, por orgullo o por un intento de ser “independiente y fuerte”. Pero lo cierto es que -como posiblemente nos ha pasado a todos en algún punto- quiero tirar todo al carajo. Una vez, sin embargo, me dijeron que “el mundo es de los necios”, y a eso me aferro, casi como si fuera una esperanza. Qué curioso que una frase me anime a levantarme y seguir viviendo, porque dejarse vencer es lo más sencillo en el mundo. (No me sorprende que justo haya recordado por qué amo esa frase de Berlin Alexanderplatz que dice: «Gimotear no cuesta nada, gimotear puede hacerlo también un ratón enfermo»).
Hace algún tiempo me dije que ya no quería suicidarme. Reflexioné al respecto y noté lo tonto de la idea: la muerte es lo único certero que tenemos, por tanto, provocárnosla y desechar todas las otras posibilidades (que son un montón) es lo más estúpido y cobarde que podríamos realizar. Tal pensamiento me hizo sentir mejor, me dio fuerza. El problema es que luego de un tiempo (y normalmente cuando tengo otro quiebre emocional), esas reflexiones se me olvidan y, cuando estoy en mi peor momento, deseo morirme y dejar de esforzarme, pero es que concebir la vida como un esfuerzo constante no es mi ‘plus’, se supone que debería ser sencilla, agradable y dichosa, ¿no? Entonces me abordan todas estas cuestiones del desapego y pienso “claro, sería sencillo si simplemente doy lo mejor de mí sin esperar nada, no parece tan complicado”... Y pues no lo es, porque cuando sólo haces las cosas las haces y ya, pero ¿con qué fin?, ¿en serio no hay ninguno? Entonces una partecita de mí se ilusiona fácilmente ante lo que podría ser -pero quizá no será- y fantasea hasta que de pronto llega el trancazo de la vida diciéndole: “niña tonta, te volviste a ilusionar”. (¿Con qué? ¡Quién sabe! Pero el quid del asunto es el sufrimiento que ello conlleva y mi siguiente dizque depresión).
Así que, en un intento por protegerme y evitar el dolor, comencé a esperar lo peor de cada situación que se me presentara. No es como que antes esperara o aspirara a lo mejor, pero me extasiaba cuando las cosas fluían de una manera feliz y bonita para mí, pese a que conscientemente sabía (y sé aún) que nada es permanente y todo tiene un fin porque el mundo está cambiando constantemente. Sin embargo, aceptar esa pérdida -y a la cual ya ni siquiera me gusta llamar de tal modo por lo que comentaré más adelante- me es muy complicado. El punto es que, por más que me repita “toma en cuenta que por más que quieras y te esfuerces por algo, al final fracasará”, no puedo evitar sentirme mal si las cosas no salen como hubiese deseado. (¡Maldita ilusión!). Por eso creo que la esperanza es una venda que ciega los ojos, y que no hay que esperar, en cambio sí tener fe absoluta en que lo que tenga que ser será, y lo que no pues “ni pedo”. Esta idea claramente no proviene de una fe religiosa, porque no creo que alguna fuerza suprema haya trazado un camino especial para mí o que yo tenga un destino marcado -lo cual antes, me parece, sí creía-, sino que simplemente las cosas se van dando o no, y no hay ambivalencia en ello ni otros responsables salvo nosotros mismos.
Cuando las cosas o situaciones se van me cuesta mucho reponerme, probablemente por eso lo escribo: es una manera de intentar soltarlo y de consolarme a la vez, porque cuando escribo sobre mis emociones y sensaciones es como si las materializara y pudiera entenderlas mejor, de forma que será más fácil no olvidar en tiempos futuros eso que ya había aceptado o que, de olvidarlo, pueda volver a ello y decir “STOP, no la cagues de nuevo; sólo sigue adelante”. Pero el deseo de volver el tiempo, a ese momento, a ese lugar, a eso que fue y ya no será, me absorbe a veces y veo todo negro, me quiero poner a llorar como nenita hasta que de pronto regresa esa idea sobre que en realidad nada, salvo nuestra existencia, nos pertenece, que estamos solos y que no podemos perder nada por eso mismo, lo cual me regresa un poco las ganas y me obliga a seguir actuando porque eso es -al menos para mí- lo mejor que puedo hacer -sino es que lo único-, más allá incluso de todos mis pensamientos que entre ir y venir me tienen en una balanza de emociones que busca estabilizarse, pero a veces no lo logra y se hunde, y sin fines de etcétera.
Flagelarse es mero asunto cultural. Y la verdad, tener una vida tan dramática en la cual apenas y yo me aguanto como que mejor no. Así que, fuck off. Si bien la vida a veces es una mierda, hay en ella buen repertorio de cosas disfrutables por las cuales aún me dan ganas de seguir aquí. El problema es que no siempre tenemos a nuestro lado a personas que nos apoyen cuando andamos en estos instantes dramáticos porque, incluso de apoyarnos, quizá tampoco veamos la salida dado que no estamos dispuestos a salir de nuestro hoyo.
La vida, como la concibo en la actualidad, es una sucesión de muertes chiquitas, nunca una oportunidad. Esto último, aunque sí lo sea, no lo quiero, porque tiene atisbos de una esperanza en la cual ya no creo y probablemente no volveré a creer. Qué tan malo es esto, no lo sé, porque como ya lo dijo Lorca: «El más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida»; lo cual me parece muy triste, pero así es. Tampoco estoy dispuesta a ser la chica pesimista que cree que no pasa nada bueno en el mundo ni quiero centrarme en el pensamiento de “pasará lo peor”, porque esa forma de vivir, para mí, es muy destructiva y no la soportaría durante mucho tiempo. Sólo soy suficientemente fatalista como para creer en los para siempres en un mundo efímero, al cual, de hecho, ya le agarré un poquito el gusto aunque anteriormente sólo buscaba un absoluto.
Hay una frase -que si mal no recuerdo pronunció alguno de mis maestros de facultad- que dice: «Tanto te miras en el espejo que un día terminarás por no verte», y la cual me encanta (además de que me siento identificada) porque es cierta: de concentrarnos tanto en lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos, dejaremos de mirar a los otros y nos perderemos. Los períodos de meditación y autorreflexión, claro, son fundamentales, pero todos sufrimos de una u otra manera y pensar que nadie nos podría entender porque no son nosotros es bastante egoísta.
Me gustaría regresar en mis reflexiones y recordar cómo es que antes consideraba la vida como un Todo armónico y cómo sentía que de verdad todos pertenecíamos a algo mayor. Me gustaría saber en qué momento lo perdí. Supongo que cuando perdí la esperanza y fui aceptando, aunque de a poco, mi propio egoísmo. Pero esto se quedará como un asunto para otro post, en caso de haberlo.
0 notes